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viernes, 20 de febrero de 2015

HUMANO




Humano, tallo de hierba doblegado por el viento,
melodía inconclusa, leve aliento de la nada; 
un creador oculto te retiró el sustento,
 y hoy navegas sin rumbo tras esa huella añorada. 

Magro trozo de tierra, azul fragmento de cielo, 
con cuánta fragilidad se me revela tu alma 
prisionera en un cuerpo con raíces en el suelo, 
embriagada con el éter de un ensueño sin calma.

 Volcán de amor y odio, cuento breve y enfermizo,
cornamenta de demonio sobre testa de deidad; 
imposible razonar si algún dios así te quiso, 
hijo de la serpiente, esclavo de la libertad.

Pulsión insignificante destructora de reinados,
 derribadora de torres, brote de sangre y enchastre; 
hacedor de cadáveres, rumiador de pecados, 
llamarada de fuego, hijo ausente del desastre. 

Ser humano, tierno y duro, amante y asesino, 
duele tanto conocer tu absurdo significado,
 a qué portal dantesco te arrastrará tu destino, 
qué sublime obra de arte habrás hoy esbozado. 

Ser humano, necio, odioso, ebrio de locuras, 
masa sanguinolienta de sensatez y sinrazón; 
tejedor de promesas, melodías, criaturas,
 triturador de huesos, fauces rojas de dragón. 

 Siddhartha, Jesucristo: siluetas desdibujadas,
diluidas en un sutra y un cáliz pleno de vino,
doctrinas semientendidas y mal memorizadas, 
olvidos de carne y hueso que predijeron tu sino. 

Caen las hojas de los árboles, se derrumban pedestales, 
nacen y mueren animales en cada hora indolente
mas solo el amor y el odio del hombre son inmortales, 
fruto dulce y fruto amargo en una misma simiente.

Siervo infiel de la Naturaleza, duende revoltoso, 
parricida y matricida, en tu derecha un puñal 
y en tu izquierda una rosa con aroma delicioso, 
y en tus ojos aura cruel con ternura de cristal. 

Cegador foco de luz, mano que cede y que quita, 
moldura caprichosa con el futuro de marfil, 
rey esclavo, sacerdote de mazmorra y de mezquita, 
faz de viejo moribundo con la sonrisa infantil. 

A tu salud, criatura, que miras tras el espejo; 
yo soy tú, tú eres yo, te festejo y te maldigo; 
es preciso descifrar lo que veo en tu reflejo,
comprender en una parte mi perdón y mi castigo. 

Hijo del sol y de la luna, violenta conmoción,
imposible bosquejar tu retrato con pericia; 
tú, artífice y artista de la obra y la destrucción, 
pueril indecisión entre la entrega y la codicia.


marzo de 2001.-

HERMENEGILDO TERCERO



Historia verídica de una mina en los años 90 - Incursión involuntaria en la  Chick Lit

***

   Por una extraña y feliz conjunción de astros me encontraba inmersa en aquella noche calurosa pero matizada de brisa, fresca y recién nacida. El verano se anunciaba en todo su esplendor y me contagiaba su euforia de sábado. Allí estaba yo frente al espejo, mirándome, examinándome de cuerpo entero como un pintor frente a su lienzo en blanco. 

   Sobre mi cama descansaba una falda de acetato negro, larga hasta las rodillas pero con tajos en los costados, de esas que se pegan al cuerpo para luego caer rectas; casi transparente, casi recatada; me había costado barata y sin embargo era bastante bonita. Los zapatos, también negros, con taco muy alto y pulsera irían muy bien con ella. Pensé que no iba a ser necesario usar medias, eso era una suerte porque a lo largo de la noche iban a terminar resultando sofocantes. 

   A partir de allí el problema central radicaba en la selección cuidadosa de la blusa. También sobre mi cama se encontraban tiradas en desorden cuatro o cinco de ellas, algunas escotadas, otras sin breteles, algunas coloridas, otras algo más discretas. Para cada una había seleccionado un soutien. Es notorio cómo cambia la forma de una remera dependiendo del soutien que se use; algunos levantan y juntan, otros aprietan y bajan, etcétera. Detalles importantes que solo una conoce. A lo largo de muchas noches de baile se desarrolla cierta pericia. Si la pollera es larga mejor utilizar una blusa escotada, escondiendo de un lado y mostrando de otro, es decir, provocando la mirada en un lugar pero sin invadir demasiado con el resto. 

   Por fin me decidí por una blusa de lycra color fucsia y un sostén con breteles de silicona que achataba y redondeaba. Peiné con secador mi cabello corto con mechas recién teñidas, observando el buen trabajo de mi peluquera al haber ubicado tan estratégicamente aquellos claritos dorados sobre el resto de la melena castaña. 

   Qué felicidad era no tener la menstruación, ni siquiera estar cerca de ella. Si así fuera, probablemente todo aquello me hubiera parecido horrible y ubicado en un mal lugar. Es difícil adivinar cómo alguien puede llegar a sentirse hermosa y luego todo lo contrario con tan solo tres o cuatro días de diferencia.

   Una vez que la sangre bajaba y se aflojaba la tensión todo volvía a ser como antes, por lo que tragedia disminuía considerablemente su intensidad. Empezaban entonces el dolor de ovarios y los calambres, pero con un analgésico todo se arreglaba y la situación incluso terminaba siendo disfrutable. Es verdad que los sonidos estridentes molestaban el doble o que los simples reproches sonaban como groseros insultos, pero la música hermosa también se tornaba más dulce y los colores de las cosas tomaban un tono más brillante. Y el amor parecía florecer desde la piel, más que de costumbre. 

   Recuerdo una vez, en medio de una menstruación; estaba sentada frente al televisor mirando National Geographic. Observaba cómo cientos de miles de lemmings se arrojaban por una ladera, suicidándose, con el único objetivo de preservar su especie. Pocas veces en mi vida había llorado tanto como ese día. Y mientras las lágrimas me caían a borbotones me preguntaba fríamente por qué carajo estaba llorando, hasta que al final terminé riendo como una demente. Eso jamás se lo comenté a nadie pues, en definitiva, los lemmings continuaron muriendo y yo seguí menstruando. 

   Pero ese no era el caso de la noche en que me encontraba. Mis hormonas parecían estar bastante estables, quizás un poco alborotadas como lo están casi siempre las de las mujeres sin pareja, pero controladas al fin. La dignidad debía prevalecer ante todo y la pérdida del temple podía, en la mayoría de los casos, entorpecer la ya difícil búsqueda de un espécimen masculino satisfactorio. 

   Dediqué media hora a mi maquillaje, intentando con todas mis fuerzas acomodar mucha pintura de forma de lograr el efecto de no parecer maquillada pero con ojos más grandes, labios más gruesos y pestañas más arqueadas. Por último, el perfume detrás de las orejas, en la parte inversa de las muñecas y luego en el pliegue del busto. Me parecía un poco difícil que esa noche llegara a permitir que una nariz fuera a parar justo allí; no estaba de humor. Pero nunca se sabía y más valía estar preparada. Quizás un príncipe azul con vaqueros, camisa al tono y olor a cerveza fuera capaz de romper el maleficio llevándome a mi, la bella durmiente, a algún rincón escondido, aislado de la música estridente y en esos momentos, pasara lo que pasara, era mejor tener perfume en el escote. Eso lo sabíamos todas. 

   Terminado por fin el lento proceso de metamorfosis, observé la obra frente al espejo y quedé conforme. Abrí la puerta de mi dormitorio y estaba mi hermano.
 - Sentí tu olor a perfume desde mi cuarto. ¿Por qué las mujeres se bañan en perfume?
Le contesté mientras me cubría con un saco negro y calado que no abrigaba.
 - Porque a los que no son tus hermanos les gusta el olor a perfume, gil.

   Justo en ese instante el teléfono sonó. Mi amiga salía desde su casa hacia la mía y llegaría en cinco minutos, solo estaba retocando un poco sus rulos para que no se le erizaran en el medio de la noche. Pensé que entonces tendría al menos media hora más para esperar. Volví a toparme con mi amigo-enemigo el espejo y sentí una especie de sobresalto. Vi una silueta vestida de negro y fucsia, adornada, de mejillas encendidas y ojos brillantes; imposible juzgar si eso que veía era realmente bello o no pues me estaba mirando a mí misma, pero lo que me impresionó fue lo hermoso de mi expresión. Ante mí se encontraba el producto de un ritual milenario, de un procedimiento cuidadoso que había durado casi dos horas. En un instante vino a mi mente la imagen de una gata, animal majestuoso tan criticado e incomprendido, que suele ser tachado de traicionero pues le es fiel solamente a los de su especie. Y recordé a unos cuántos hablando de mujeres libertinas, dirigiéndose a ellas como "gatos". Qué poco sabe la gente de los felinos. Y qué poco les importa a ellos, al fin y al cabo. 

   Yo sí creía conocerlos. Esa noche era justamente una gata, en busca de pareja. O al menos de un roce felino, en medio de aquel océano de soledad. Qué habría de malo en eso, me pregunté, y luego decidí hacer lo que ellos, no pensar. Y simplemente salir a vagabundear. 

   Llegó mi amiga y nos pusimos en marcha.


***

   Llegamos al enorme salón fragmentado en varias pistas, cada una con diferentes melodías y ruidos. Las personas que había allí también eran muy diferentes. Gente muy joven, casi niños, otros no tanto. Gente borracha, despierta, aburrida, eufórica. Un enorme cambalache de personas, luces, sombras y colores. Sin embargo las miradas eran casi todas parecidas; recorrían los rostros, los cuerpos, se detenían apenas un instante y luego continuaban su recorrido. Algunos pares de pies se movían pero aún muy lentamente; era demasiado temprano. Solo las manos, florecidas con cigarrillos, vasos de cerveza y tragos, se mantenían activas, mientras los ojos miraban y seguían mirando, en lo oscuro, acechando como los ojos de los gatos. 

   Yo ya tenía mi botella de cerveza en la mano y mis tacos empezaban a repiquetear. Odiaba estar quieta durante demasiado tiempo. Había hombres atractivos pero pocos, y demasiado jóvenes. Algunos se acercaban y molestaban, otros observaban, casi despectivos. Por un instante dejé de mirar hombres y me concentré en las mujeres.  Algunas eran muy parecidas a mí, otras eran casi niñas, pinturrajeadas y con caritas asustadas, empapándose recién de las leyes y las reglas de la selva. 

   Luego pensé en algunas de mis amigas, las imaginé descansando con sus novios o maridos, o haciendo el amor con ellos, o durmiendo a niños pequeños. Sonreí. Algunas con falda negra, otras desnudas, otras en camisón, las habíamos para todos los gustos. Luego imaginé en dónde me gustaría estar en esos momentos. ¿Allí? Probablemente no. Pero mejor hacer como los gatos. Solo los humanos necios miran hacia atrás y los costados cuando la vida se les dibuja precisamente adelante. 

   Comenzó a sonar una música más alegre y todos parecieron contagiarse. Las miradas de selección se tornaron un poco menos exigentes y las barreras humanas empezaron a caer poco a poco, ayudadas por el alcohol. Me sentía viva y capaz de sonreír, de mirar y de invitar con la mirada. Aquél me mira pero no me gusta. Aquel otro es atractivo pero creo que ésa con la que baila es la novia... Pucha. Bueno, no importa. A ver aquél de más allá... 

   Pasaron un par de horas y comencé a cansarme, sobre todo mentalmente. Además, los vasos consecutivos de cerveza habían embotado mis sentidos. Me senté en un rincón. Había bailado demasiado y los pies me dolían. Mis zapatos eran cómodos pero los tacos demasiado altos. Sin embargo me gustaba el efecto resultante de caminar con ellos. 

   En determinado momento una figura apareció frente a mí. Alto, delgado, muy joven, camisa blanca, ojos grandes y achatados, como dibujados en la cara, cejas pobladas pero castañas, y muy claras. Sonrió y me encantaron su risa y sus dientes. Las dos paletas estaban un poco separadas y eran muy blancas, tanto como su camisa. Estaba bastante borracho pero parecía sobrellevarlo con dignidad. Tenía ese aire felino. Pensé para mis adentros - Ahora se me acerca y me pregunta cómo me llamo, si trabajo o estudio. Me dice que soy muy linda y luego comenta que eso me lo deben decir todos. Me mira el busto y seguidamente elogia mis ojos. En fin. Lo de siempre.

   La figura se fue aproximando y yo, disimuladamente, ya me había parado. Me miró a los ojos y soltó su retahíla.
 - En realidad, no es que seas demasiado linda. Sin embargo me encanta tu corte de pelo estilo europeo. Tenés una preciosa sonrisa y caminás como si estuvieras en puntas de pie. Lástima ese saco calado que no me deja verte la forma de los pechos. 
- Eso depende del soutien que use - pensé para mí, pero no se lo dije. 

   Caí en la cuenta de que nadie me había dicho nunca algo tan terriblemente sensato y certero en mis cientos de noches de baile.
 - Ahora me vas a pedir que me vaya y tenés toda la razón - siguió hablando.
Nada más lejos de mis intenciones. La posibilidad de alguien diferente, listo allí, pronto para ser seducido quizás con palabras más que con una belleza desquiciante, encendió al máximo mi instinto de caza. Además, había desaparecido mi aburrimiento y eso era lo más importante. 

   Lo único malo es que el chico hablaba demasiado. Retuve muy pocos detalles de la conversación, sin embargo recuerdo que sus palabras eran deliciosamente cínicas y afiladas, curiosamente sin llegar a la grosería. Qué más podía pedir yo, a las cuatro de la mañana. Tomaba mucho alcohol y me invitó a un par de tragos. Luego yo lo invité a otro; me gustaba hacer eso, hacía sentir mis pies bien plantados enfrente de él, como si me invistiera con un cierto equilibrio que por algún motivo necesitase. Noté que él había tomado demasiado líquido ya que cada cinco minutos iba al baño. La primera vez pensé que se iría y no volvería más, pero siempre regresaba. 

   Nuestra conversación se fue poniendo cada vez más divertida, en algunos casos intensa pero siempre dentro de un absurdo y deliciosamente innecesario marco de sutileza. Siempre me gustó divertirme de esas maneras y este muchacho se prestaba muy bien para el juego. En un momento le pregunté su nombre y él me dijo "Hermenegildo Tercero". Le contesté "Encantada, Hermenegildo. Yo soy Juana de Arco". Luego él tomó un pedazo de vidrio de un vaso roto que había en el piso, me dijo con ceremonia que era un diamante y que me lo regalaba. Allí empecé a pensar que quizás estuviera algo loco pero luego me regañé a mí misma. Jamás nadie me había regalado un diamante en mi vida. ¿Por qué opacar la ocasión con un estúpido razonamiento? Le di las gracias con una reverencia y lo guardé en mi bolso. 

   Hermenegildo siguió hablando de sus viajes, de sus noches de baile, de sus tragos preferidos y de mis piernas. Yo le hablé de sus ojos y de sus dientes, pero casi no pude decir más porque él continuaba con su verborragia. En un momento me dijo que sabía que me estaba aburriendo, que iba a salir un segundo a la calle para que yo pudiera descansar de él. Me rogó que no me fuera, que por favor me quedara y lo esperara. No se por qué pero decidí hacerlo - No te vayas Juana, por favor - me decía, mientras se alejaba.

   Regresó a los cinco minutos. Pasó por entre un grupo de personas que estaban bailando, se pechó contra un guardia de seguridad y casi aterriza en mis pies. Me miró fijamente. Su mano izquierda apretaba fuertemente la curva del codo de su brazo derecho y la mano colgaba fláccida, como sin vida. Él seguía sonriendo y sus dientes separados brillaban con la luz violeta del techo. 

   Me tomó por la cintura y nos pusimos a bailar una melodía muy rápida. Giramos como trompos en medio de la pista. Ya no quedaba casi gente. Mi amiga había desaparecido. Mi pelo despeinado y mi falda de acetato ondeaban de un lado a otro y yo acompañaba con mis tacos negros. En determinado momento Hermenegildo me miró.
- Vos sí que bailás. 
Me detuve en seco y lo miré también. Una voz dentro de mí, que no reconocí como mía, le contestó al instante.
- Y vos, te drogás. 

   Esa frase fue, quiso serlo, sin reproches. Un simple comentario, una observación desapasionada de la realidad. Creo que lo sorprendí, lo impacté, porque dejó de bailar y me miró fijamente a los ojos. A esas alturas el alcohol ya había desaparecido de mi cabeza, al igual que la euforia y el instinto de caza. Me encontraba de la misma manera en que estoy una mañana de lunes, como una mujer de cara lavada que se prepara para salir a su trabajo.

   Tenía ante mí a un hombre, yo diría que bastante inteligente y refinado, con el suficiente dinero como para elegir y comprarse una camisa de buena calidad, y también para inyectarse vaya uno a saber qué sustancia en la entrada de un boliche. Sentí pena y desapego. Simplemente continué observándolo, igual que él a mí. 

   El muchacho habló otra vez.
- Ahora no vas a querer verme nunca más. Ahora te vas a ir y me vas a dejar solo. Hacé lo que quieras - su voz no sonaba tampoco a reproche - Yo, drogándome, puedo conseguir cualquier mujer que quiera. 

  Mi voz volvió a salir desde algún lugar.
- Ojalá pudiera ayudarte, pero no puedo. No se cómo. Además, no me corresponde. Si se te ocurre algo que pueda hacer, te escucho. Si estoy de acuerdo, lo haré. 

  Él no dijo nada; se había quedado mudo y quieto, como una estatua de cera. 

  Fueron unos instantes de quietud, que me pareció tanto física como temporal
- Vos no me vas a llamar - me espetó con voz fina pero firme - Yo te voy a dar mi teléfono pero no me vas a llamar. 

   Le pedí que me lo diera y prometí llamarlo, aunque no quise darle el mío. Una gata con cierta trayectoria sabe reconocer muy bien un cebo envenenado. Sin embargo sentí que debía hacer algo, aunque solo fuese llamarlo al otro día y decirle una cosa como: "Acá estoy. Te cruzaste en mi vida y significaste algo. Gracias por el diamante que me regalaste. Sos algo más que el recipiente de una droga. Seguramente no volvamos a vernos pero no te voy a olvidar"


   Nos despedimos, luego de que él me hiciera repetir varias veces el número de su teléfono. Cuando se iba me miró por última vez a los ojos y me repitió, convencido, que no lo iba a llamar. Lloré por dentro. Me acordé de los lemmings. Luego reí cínica para mis adentros pensando en el resultado de la noche de cacería. 

***

  Amanecí como siempre en esos casos, la cabeza embotada, los pies adoloridos, el cuerpo pesado, la pollera de acetato tirada en el suelo e impregnada con olor a cigarrillo. Desayuné un litro de agua e inmediatamente tomé el papel en el que había anotado el número. Eran las dos de la tarde. Me senté frente al teléfono pensando en lo que iría a decirle. 

   De ninguna manera aceptaría volver a verlo, no estaba dispuesta a enredarme con un drogadicto. Pero al menos podría establecer contacto y decirle con algunas pocas palabras algo así como "Existís". 

   Mis dedos discaron pero cuando llegué al sexto número se detuvieron. Ya era tarde. La voz de una mujer mayor contestó del otro lado. 
- Hola, ¿quién habla?
La única frase que se me venía a la mente era "¿Está Hermenegildo Tercero?". Se me congeló la voz. No había nada para decir. 

   Colgué el teléfono y tiré el número.

 Jamás volví a saber de él. Sigo recordando a los lemmings, y pienso que nadie mejor que ellos saben cuál es su destino. Quizás Hermenegildo lo supiera cuando nos despedimos. Lo que probablemente nunca sepa es que guardo su diamante como uno de mis mayores tesoros.

martes, 10 de febrero de 2015

Un cuento del Sr. M.O.G. - Capítulo X: La mañana


https://thefella.com/photo/tallinn-old-town

(Wasson ha conversado con Betty la mesera y ha descubierto en ella mucho más de lo que la chica había mostrado largos años de su vida en ese pueblo. Pero sabía, cuando se fue a dormir, que eso era solamente el principio del trabajo que tendría que hacer en ese lugar).


    La mañana llegó arrebolando cada pequeña cosa primero con un color rojizo y luego con su color. Como si fuese necesaria una nueva fragua cada mañana para insuflar su esencia a las cosas, como si solamente ese pasaje por la oscuridad, luego el rojo fuego fueran el único camino hacia los luminosos colores de nuevo. Pero mientras esto ocurría, Wasson dormía. Aún así, seguiría siendo Wasson al despertar.

    Había soñado que viajaba a Nueva York sin ninguna razón, y por eso vagabundeaba temeroso por las calles jalonadas de rascacielos. Pero allí encontraba por casualidad a una joven, a quien no podía ver la cara, pero que le hablaba con dulzura y familiaridad, como si le conciera de hacía mucho pero hubieran dejado de verse. Ella lo llevaba a uno de esos rascacielos y allí le mostraba la vista y le preparaba comida. La ciudad era la misma pero también era distinta, llena de luces como los ríos de estrellas en el cielo. Luego de servir la comida, ella se sentaba al lado y comía junto a él, sin decir palabra y Wasson se preguntaba cómo había dejado pasar tanto tiempo sin visitar o al menos hablar con esta buena amiga. Era un sueño hermoso, claro, pero de un modo único.

    Al abrir los ojos, con la cabeza pegada a la almohada, rayado por las franjas de luz que entraban por las rendijas de la persiana, lo primero que pensó Wasson fue: 'hay formas únicas de lo hermoso'. Luego, volvió a cerrar los ojos por unos minutos, deseando sordamente volver al sueño. Pero por desgracia no solo no lo consiguió, sino que empezó a recordar todo: quién era y donde estaba, qué debía hacer allí.

    -Maldita sea! -gritó al ver el reloj. Se le haría tarde para la recepción.

***

    Tras las correrías nocturnas algo había cambiado y descubrió que conocía ya el camino. Era bastante sencillo, doblaba hasta la calle principal que, ciertamente no era la calle principal, pero sí una que recorría el pueblo de cabo a rabo, y luego torcía a la altura que deseara. Así lo hizo y llegó hasta la fonda de Molly, mirando desde lejos la estación de tren. Estaba lejos, sí, pero no tanto como para no verla y como para no ver llegar al tren, cuando llegara. También podía ver el automóvil negro, un Maria negro, estacionado cerca del andén. Mientras esperaba, entraría a lo de Molly. 'A desayunar' se dijo 'eso es todo'.

    Pero cuando entró no vio a Betty o Elizbetha, otra muchacha se le acercó. Se resignó a pedir un café y unos huevos con tocino. El aroma de la comida lo reconfortó y luego de comer y beber, pasó por donde estaba Molly para pagar. La mujer se mostró muy amable, le agradeció que hubiese vuelto luego del 'malentendido' del día anterior. Lamentaba que Betty no se encontrara entre ellos, pues había llamado para informar que se encontraba indispuesta y no podría ir a trabajar ese día. Nada grave, solamente una migraña. Molly no le dejó pagar, la casa invita, repetía. Y luego, vuelva cuando quiera. Wasson se preguntó cuánto tiempo le duraría la sonrisa una vez él hubiera traspuesto el umbral.

    Afuera la vida seguía como siempre o, al menos, como la había visto ayer al llegar o en tantos otros pueblos que Wasson había visitado. El Maria negro seguía en posición. Wasson recordó algo de su niñez. Le habían enseñado sobre Aristóteles y que la philosofía natural versaba sobre las cosas que cambiaban, que existían la forma y la materia y cómo lo más extraño en el mundo era el cambio. Pero Aristóteles también había enseñado, en su libro Metafísica, sobre las cosas que no cambian: la cosmología y la teología. Quizá hubiese otras cosas que no cambiaban, quizá la vida de ese pueblo y de tantos otros fuera en sí misma una cosmología particular y, en los actos de cada uno de esos seres humanos, repitiéndolo una y otra vez, estuviera dictando algún demiurgo una teología particular, inconcebible pero inmutable. Hasta el tren, que se acercaba, lo hacía siguiendo las leyes que estaban escritas en el tablero de horarios.


 colaboración 
(continuará)

domingo, 23 de noviembre de 2014

Un Cuento del Sr. M.O.G. - Capítulo VIII: El Plan



(Elzbieta, la sobreviviente del holocausto, la hija de inmigrantes polacos, la muchacha cuya familia desapareció en el misterioso bosque de Nahuam y que desde entonces debe tomar pastillas para no soñar horribles pesadillas recurrentes donde sus parientes se mutilan mutuamente, ha contado todo cuanto tiene para contar).


   -Debe pensar que estoy loca.
   -Todo lo contrario. En mi línea de trabajo hay un nombre para... su condición. Clarividente.
   Elzbieta sonrió.
   -A qué se refiere?
   -Un clarividente es una persona que tiene una facilidad de percibir fenómenos paranormales. En algunas situaciones cualquier persona podrá tener esa percepción. Pero solo seres muy sensibles son capaces de mantener esa habilidad en forma constante. Creo que usted tiene ese don. Y creo que su madre también lo tenía.
   -No diga tonterías -dijo ella, tratando de sonar cínica pero un temblor en la voz delataba un dejo de temor.
   -No estoy diciendo tonterías. Créame, he visto clarividentes y fraudes. Déjeme hacerle unas preguntas.
   -Es muy tarde -dijo ella, levantándose y recogiendo su bolso y abrigo- Debo irme. No debería haber venido.
   -Pero le estoy agradecido que lo haya hecho -dijo Wasson. Qué es lo que estoy sintiendo, se preguntó. Por qué dije eso. Y de pronto su rostro se había vuelto rojo como un tomate.
   La ayudó a ponerse el gabán y la acompañó hasta la puerta. Él hizo ademán de acompañarla.
   -Gracias, pero preferiría ir sola. Necesito aire.
   Entonces vio algo en el rostro de Wasson y agregó:
   -Pero me alegrará volver a verlo en la mañana, en la fonda de Molly.
   Estrecharon sus manos y la muchacha se alejó por la calle bajo los faroles. El sonido de sus zapatos en el pavimento se fue haciendo cada vez más imperceptible hasta desaparecer del todo y solamente entonces Wasson volvió adentro.
   La muchacha, debía de tener visiones todo el tiempo si no fuera por las pastillas. Esos sueños. La madre, seguramente, también tuviera el don. Debió saber que moriría en el viaje. Quizá no tuvo tiempo de explicarselo a su hija antes de morir. Quizá simplemente no habría sabido como hacerlo. O será que sus habilidades empezaron a manifestarse recién en la adolescencia, como en tantos casos bien documentados? Justamente cuando ocurrió esa tragedia con su padre y sus hermanos. Seguramente el sueño contenía la clave, ese sueño recurrente y horripilante donde los diablos vestidos con la piel de su padre y hermanos venían a buscarla y la forzaban a tomar parte de esa orgía de sangre. Pero ella había tenido que bloquear ese sueño y todos los demás, y con ellos sus visiones, para sobrevivir. Quizá, sin embargo, ella aún pudiera manifestar algo del don aún bajo el efecto de las pastillas. En cosas nimias, seguramente, como adivinar los pedidos de los clientes. Algo es seguro, por eso mismo Betty le llamó la atención en la fonda; algo dentro de Wasson se había dado cuenta ya entonces que ella tenía el don de la clarividencia. O habría sido otra cosa?
   Elzbieta tenía el rostro pálido y hermoso, el pelo negro y enrulado y los labios como una herida abierta. Wasson se dijo que no debía pensar más en ella. Al menos no así.
   Metió la mano en el bolsillo y sacó el reloj. Era tarde, pasada la una. Y sin embargo no había sido un error llegar antes. Había aprendido cosas de Nahuam senior. De como su aserradero cayó en desgracia y todos los empleados que pudieron lo abandonaron, y tuvo que apelar a los polacos y otros inmigrantes. Había un gran caudal de ellos, debido a la guerra; huyendo de la guerra llegaban a Norteamérica, la tierra de las oportunidades. Y el pueblo estaba cerca de un puerto. La llegada de marineros extranjeros o inmigrantes sería moneda corriente. Quizá Nahuam enviaba a alguien por ellos al puerto, con ofertas y promesas.
   Acaso sería posible que Nahuam hubiera hecho un trato con una entidad o entidades sobrenaturales que habitaban en el bosque? Cómo puedo pensar algo tan disparatdo, se reprochó Wasson. No debo tomar al pie de la letra lo que me ha dicho Elzbieta. Pero... acaso eso no explicaría tantas cosas? A cambio de sacrificios humanos, esos espíritus del bosque, temidos por los indios, le habrían proporcionado riquezas a Nahuam. La gente del pueblo le temía y no trabajaba para él, pero los extranjeros no lo conocían. Eran las víctimas ideales. Nadie los extrañaría. Y Elzbieta, la pobre chica judía, estaba loca; aún si hubiera querido no habría podido hacer nada. Ni aún hablar con nadie que le creyera. Pero él, Wasson, le creía. El la ayudaría a llegar al fondo de su misterio. Quizá con su ayuda hasta pudiera volver a dormir y soñar. Quizá...
   Otra vez se descubrió pensando en la muchacha de un modo que no le gustaba. Que no le ayudaría en su trabajo. Su trabajo que aún no había comenzado, pero ya comenzaría. El cansancio, realmente estaba abrumado. Así que buscó por la casa un lugar donde acostarse. Encontró una habitación perfectamente dispuesta, seguramente por aquél abogado. Se desnudó rápidamente y apoyó la cabeza sobre la almohada. Había tantas cosas que no entendía. Debería hablar con esos indios. Esos espíritus o espíritu del bosque, él ya había oído hablar de ellos. La leyenda del Wendigo. Seguramente despejarían sus dudas, encontraría una explicación racional.
   -Además -escuchó una voz- nunca creí en los pactos con el diablo.
   Wasson se dijo que esa voz susurrante que había oído era la suya. Y se quedó dormido.

***

   El hombre que se había presentado a Wasson como Samuel Marcus golpeó la puerta del estudio en la residencia Nahuam.
   De adentro provino una voz cálida y mecánica que dijo:
   -Adelante, Marcus.
   Marcus abrio la puerta. El estudio le recordó al que había conocido en otro lugar y otro tiempo. La casa estaba en penumbra, apenas unas lámparas para poder transitar por los largos corredores y las escaleras. Pero allí, además, ardía un fuego. Sentado examinando unos pergaminos de apariencia aantiquísima había un hombre alto y delgado, más alto y más delgado que él mismo. Dejó la lupa en la mesa, levantó la vista y le sonrió.
   Sin mediar palabra fueron caminando hasta dos sillones dispuestos frente al fuego.
   -Recibí el llamado del muchachuelo ese. Todo ha ocurrido como habías previsto... Wasson se dio cuenta de Betty, y estuvo hablando con ella largamente. Recién ahora la muchacha se ha ido a dormir y seguramente Wasson también. Fue una buena idea que el chico la siguiera.
   Mientras Marcus hablaba, el otro destapó una botella de bourbon y sirvió dos vasos. Con la mano indicó a Marcus que se sentara.
   -Si. Todo está saliendo de acuerdo al plan.
   Chocaron los vasos, brindando, y luego bebieron un trago largo. Las llamas oscilaron. Ellos volvieron a beber. 



colaboración 
(continuará)

viernes, 3 de octubre de 2014

LO AMO



"La Conversación" - Henri Matisse

 
Lo amo con la muda devoción con que ama el espíritu, desprovisto de cuerpo, de motivos y de sentido.

Lo amo como una niña también, con deseos imperiosos y demandas insaciables.

Lo amo como un animal, que es igual que decir lo odio, pues no se trata ni de odio ni de amor sino de una selección instintiva y natural.

Lo amo como amaría un ciego al primer rostro que distingue luego de años de tinieblas, o como un viejo que mira hacia atrás con la resignación de aquel que comprende que morirá.

Su amor me rebela y me enciende, me impulsa a la lucha y a la caza; su amor me da paz, me da fuerza y me hace echar raíces en la tierra.

Su amor es el amor hacia todos los hombres y, al mismo tiempo, la negación de todos los demás.

Por verlo brillar, allá lejos, magnífico y eterno, renunciaría a todo impulso y a toda codicia; por sentirlo respirar en mi lecho, vencido, cansado y sereno, ni siquiera me atrevo a pensar qué daría, cosas de brujas y demonios, cosas que solo revelan los sueños.

Por llegar a conocerlo algún día, renunciando a mirarlo desde el cielo o desde el infierno, por verlo lavándose los dientes, revolviendo el café con leche, manchándose con la salsa de los tallarines, hablando demasiado sobre asuntos sin importancia, temiéndole a cosas que no son peligrosas, amándome a mi, que no soy perfecta...

daría lo que no es bueno y bello, ni malo y bello; lo vulgar, lo común, lo que se gasta y se deteriora, lo que carece de un atractivo especial, lo que es en realidad mi parte más humana, lo que en verdad me diferencia del dios y el animal.

abril 1998

jueves, 2 de octubre de 2014

TU DESAMOR (anáfora)




Tu desamor se parece a una cáscara seca, deshidratada y vacía, el disfraz envejecido de una fruta ya madura.

Tu desamor es una golondrina con plumaje de escarcha, sutil matriz de finas agujas, transparentes y heladas, aleteando en mi pecho con letal armonía, provocando un millar de diminutas hemorragias, tajos ateridos entibiados con sangre.

Tu desamor me convierte en fiera enjaulada, enceguecida y rencorosa, la que golpeándose ella misma contra los barrotes de su cárcel, te observa a lo lejos, sus fauces oscuras chorreando saliva.

Tu desamor es una mano invisible tapando los orificios de mi nariz y de mi boca, es la negación de la existencia de la razón de mis pulmones.

Tu desamor es un castillo en donde eres rey, con corona y con reina; y yo llego de paso y tú me abres las rejas, vaciando el foso para que cruce segura; pero en tu puerta se lee claramente la frase maldita: que tu casa no es mi casa y en ella seré siempre una forastera.

Tu desamor es un libro de cuentos con las hojas desmenuzadas y un vestido amarillo de niña apolillándose en un rincón del ropero.

Tu desamor me pinta el cuadro de una anciana con cabellos color ocre, sentada en su mecedora y en el centro de todo, ser solitario sin padre ni madre.

Tu desamor es, en definitiva, angustia, opresivo lamento de los miles de seres que viven allí donde se juntan el cuerpo con el espíritu.

Tu desamor me vuelve tierna y a veces hasta se lleva mi odio; en su lugar me deja dulzura, pero no me trae paz.

Tu desamor es inmanejable y desobediente, descarado y tajante, aunque no tanto como mi propio amor.

Tu desamor no tiene piedad de mí, y no debería tenerla. Dice ser una de esas verdades que urge ser revelada, un papiro milenario que se escribió para descifrarse y el hacerlo significa toda una vida de paciencia y sacrificio.

Tu desamor es para mí un concepto difícil, se proyecta en un dominio inaccesible a mis representaciones; como la forma de la luz, como la idea de Dios.

Tu desamor es una ecuación sin raíz, enigma del universo, una pregunta incontestable, detestable e innecesaria.

Tu desamor es, pues, la invocación a mi cordura y un golpe de viento frío que tan solo mi razón es capaz de no desdeñar.

Tu desamor tiene muchas cosas y le faltan tantas otras que prefiero no hacer preguntas.

Tu desamor es algo tan simple como que no me amas, y no te entiendo, porque cuando suenan tus palabras, un millar de ruidos extraños se aglutinan en mis oídos; casi no te escucho pero no es mi culpa, pues a un mismo tiempo te estoy llorando, estoy pensando y me estoy muriendo.


setiembre 2001

sábado, 20 de septiembre de 2014

YIN y YANG




En el iris de tus ojos mis pupilas cobran vida
y del mundo en que nací son el vívido reflejo,
me miran sin embargo desde una tierra perdida,
febril e inalcanzable como el asolado cielo.

Desde tu voz resuenan desgarrándose en el aire
entrópicas melodías que recitan sin saberlo
roncas canciones de cuna en extranjero lenguaje,
hermético dialecto que solo comprendo en sueños.

Así, son tuyos los labios que se abren cuando hablo,
míos los dientes que rasgan, salvajes, tu alimento,
cuando caminas son tus dos piernas, pero sin embargo
me pertenecen las huellas dibujadas en el suelo.

Es mi carne blanda y roja esa que se adhiere
y cubre poco a poco tu rígido esqueleto,
es entonces que en tus manos y pies llegan a verse
veinte agigantadas réplicas de mis propios dedos.

Las hebras de tu pelo se entretejen en el día
con todos y cada uno de mis nocturnos deseos
mas cuando caes sobre mí, esa imagen cobra vida
como negro remolino deshilándose en mi pecho.

Si ríes, tu risa es como mi llanto y si lloras
tus lágrimas condensan en la humedad de mi aliento.
Si grito, desde tu boca emergen ondas sonoras
que se vuelcan en mi garganta con la gracia de tu rezo.

En cada sitio de mi cuerpo hay una referencia
para llegar a tocar el lado opuesto de tu cuerpo,
guardando cada punto una axial correspondencia,
en armoniosa sucesión nos acercamos en silencio.

Si nos cruzamos en el aire, los polos de la tierra
se recrean milagrosos en el espacio y en el tiempo,
de su mágica tensión el universo se reinventa,
bajo su lento retozar configura el firmamento.
 
Si bajo la luz de la luna tu piel se vuelve clara,
oscuro aparece en tu vientre un círculo negro
pero si el sol con sus sombras torna mi piel opaca,
donde mi ombligo descubro un nacarado lucero.

En el momento en que creces, me vuelvo invisible
y en el instante en que te escondes, yo aparezco;
si te marchitas, florezco y si yo muero tú vives
y en cada una de mis muertes nacen tus hijos nuevos.

No hay nada en ti que no me haya pertenecido
nada tuyo hay, sin embargo, que no me sea ajeno;
tú eres aquellas cosas que yo nunca he tenido,
yo soy todo aquello de lo que jamás has sido dueño.


enero 2001

martes, 16 de septiembre de 2014

ATARDECER EN KABUL (soneto)


Hice este soneto a pedido de un profesor de literatura. El título me lo dio él y fue poco tiempo después de los supuestos atentados terroristas a las torres gemelas. No tenía idea de qué iba a escribir y esto es lo que salió:


Camina la Tarde por las calles de Kabul,
silenciosa recorre la ciudad sepultada;
desgarra en cada piedra su vestido de tul,
gris y polvoriento como la tierra quemada.

Tropieza la Tarde entre las ruinas de Kabul,
de metales retorcidos viste su mirada;
el suelo ya no es verde y el cielo no es azul,
ahora son despojos de una roja llamarada.

Hace algunas horas ella misma descendía,
allá en tierra norte, sobre otro reino abatido
y la pira de torres en sus ojos ardía.

Hoy el mundo atardece, enfermo y consumido
y ella, como la Muerte, anuncia su agonía
y casi no le quedan jirones de vestido...


febrero de 2002

lunes, 15 de septiembre de 2014

Saber elegir un Arte con Humildad


http://teawithbg.com/2010/06/04/art-hk-10-part%C2%A0iii/


Antes de continuar con los tutoriales de tejido y otros trabajos, me gustaría hacer algunos comentarios que considero importantes.

Hace tiempo, una persona muy querida me comentaba que su vocación era resolver problemas, problemas de toda índole, que esa pulsión lo llevaba hacia situaciones muy felices y otras no tanto, pero que de una manera u otra se sentía dichoso haciendo lo que hacía.

Reflexionando a partir de allí me di cuenta de que,  por mi parte, resolver cierto tipo de cuestiones me puede provocar satisfaccion, pero sin duda es el acto creativo lo que simplemente me hace sentir que estoy viva.

Nadie me enseñó esto; lo he ido descubriendo con todas y cada una de las pulsiones de vida que surgieron desde mí y los consiguientes fracasos que me devolvieron desde fuera la certeza de que aún no era feliz. Quise ser ingeniera y quise ser bailarina... y supongo que hay un poco de ambas cosas viviendo  en mi. Pero nadie me dijo que era una artista.

Según La Gente del Mundo de Afuera, un artista era alguien medio loco con un talento extraordinario y mucha suerte, o sinó un pobre diablo sentado en la vereda haciendo pulseritas. Me dejaron bien claro también que el bienestar y el éxito se aseguraban aprendiendo a resolver ciertos problemas, estudiando algún tipo de carrera o de oficio. Nunca me transmitieron que, para algunos, el Arte podía llegar a ser algo tan esencial como una medicina.

Aunque también es cierto que cuando escucho a algún adulto decirle a un niño que tiene que "trabajar de lo que le gusta para ser feliz" sinceramente me gustaría darle una pateadura a ese adulto. !Tampoco es así de fácil!

Si queremos sobrevivir para luego vivir, nos tenemos que asegurar un sustento, el cual depende de los recursos que nos rodean. Si un niño descubre que su vocación consiste en ser astronauta y ha nacido, por ejemplo, en Uruguay, probablemente se pase el resto de su vida naufragando una y otra vez en la frustración. 

Puede ser que el chico sea superdotado y que además tenga suerte, quizás así termine becado en la Nasa y cumpla su sueño. Pero si no se dan las condiciones anteriores, tal vez habría que decirle que trabaje de algo que no le desagrade, que le brinde sustento, y que luego se dedique a viajar a otros mundos a través de algún acto creativo. 

Ser artista es necesitar crear algo a partir de la nada. Sinceramente no creo que exista la vocación de pianista, escritor, bailarín o cocinero. El instrumento no es importante, la habilidad no es importante, lo esencial es que la necesidad se colme. El artista quiere ver por fuera de su cuerpo lo que en principio solo existió en su mente, necesita hacer uso de esa potencialidad única que lo diferencia de casi todo lo otro que vive sobre la Tierra.

A veces el artista puede llegar a realizar algo importante, grandilocuente, brillante. Otras veces tiene que contentarse con cumplir su función echando mano a lo que tenga cerca, usar lo que los genes le han dado, o lo que le brinda el lugar en el que vive.

A mi me gusta escribir cuentos, por ejemplo. Pero escribo muy pocos porque me dan trabajo, mucho trabajo. Cada uno de los que he escrito ha sido para mi como un parto; disfruto al verlos fuera de mi, pero en el proceso yo diría que lo que más siento es sufrimiento.

Es por eso que tejo. Mis manos están acostumbradas, vengo de generaciones y generaciones de manos danzando entre agujas. Me sale naturalmente, puedo hablar y pensar mientras tejo y mientras lo hago, soy dichosa.

Se que a este blog entran algunos por voluntad propia y otros tantos por error o casualidad.  Sin embargo, se también que cuando entran y miran, sin importar lo que los motive a hacerlo, me están mirando a mi. Me ven.

Deseo de corazón que todos encuentren su Arte, o que al menos nunca dejen de buscarlo.
Me permito un único consejo: no busquen demasiado lejos, no es necesario.

PEQUEÑO DRAMA lNVERNAL (soneto)


El viento helado desviste las flores
una por una, en letal sucesión;
quita sus faldas de vivos colores
enardecido con fría pasión.

Tallos vacíos de dulces olores,
víctimas mudas de una rebelión;
quebradas y mustias lloran las flores
en la tierra seca de su prisión.

Los llantos conmueven al Rey del Cielo,
alto testigo del pequeño duelo
aro amarillo de luz y calor...

Descienden sus rayos, besan el suelo
y en esa lluvia de rubio consuelo
se gestan ciclos de nuevo esplendor.

febrero de 2002

viernes, 12 de septiembre de 2014

No todo son flores




Voy a compartir algo que me sucedió ayer. Iba manejando por la calle Capurro casi Uruguayana, a la altura de la vía del tren. Cuando estaba con medio auto dentro de la vía, la barrera comenzó a bajar y me vi obligada a poner balizas y retroceder. En el retroceso, toqué al taxímetro que estaba detrás. No fue un golpe, solo un "toque", lo cual pudo constatar y fotografiar mi corredor de seguros cuando llegó. Los autos resultaron ilesos.

El taximetrista comenzó a insultarme gritándome: "Movete, qué me chocás si estoy trabajando, movete". Abrí mi ventanilla y le expliqué que no podía, !porque estaba pasando el tren!. Luego de mis palabras se bajó del taxi, insultándome, y le pegó un puñetazo al capó y una patada a la rueda de mi auto. Le mostré que iba con una niña, pero él siguió insultando.

Si me hubiese sucedido esto años atrás, cuando estaba en otra etapa de mi vida y, sobre todo, cuando mi hija no era nacida, el final hubiera sido más complicado. Recuerdo la época de mis veinte y pocos, cuando me quedé con aquel mechón de pelo de un hombre con aliento apestoso que me agarró del brazo y lo apretó con todas sus fuerzas porque quería "bailar conmigo" en una fiesta de Veterinaria. O aquel al que le pegué un puñetazo en el ojo luego de que me "pegara un manazo" en un lugar para bailar que ya ni recuerdo. 

Mucha gente me decía en aquel entonces: "un día vas a encontrarte con alguien más 'loco' que vos y te va a terminar matando', y en cierta forma tenían razón. Pero también sabía que si no hacía nada podían terminar matándome también.

Cosa difícil enseñar a nuestros hijos a manejar la violencia, cuando ni uno sabe bien qué hacer con ella. Volcarla hacia el que agrede primero provoca un alivio momentáneo, al menos uno echa fuera de su cuerpo todo ese odio. Pero es peligroso y no soluciona nada, absolutamente nada.

Tuve una etapa corta en la que simulé (frente a mi hija, y sobre todo frente a mi misma) haber superado esos conflictos. Ahora era un ser civilizado que miraba con condescendencia la agresividad desmedida de los demás. Ante situaciones de violencia, giraba la cabeza con desdén y abandonaba el lugar, orgullosa de "no haberme puesto a la altura" del agresor.  Pero yo no quería aceptar que la rabia, al no poder expresarse, me iba comiendo por dentro hasta el punto de terminar enfermándome o, tan malo como eso, volcando mi frustración en gente que nada tenía que ver con las cosas que me habían sucedido a mi.

Volviendo al problema con el taxista, traté de tragarme toda esa furia que me impulsaba a hacerlo pedazos a él, con auto y todo, pero también empecé a gritar a todos los curiosos que estaban mirando que por favor llamaran a la policía. Hubo algunos espectadores que inclusive se reían y le decían al taximetrista que la que había chocado era yo.

Una muchacha que pasaba con su perro (divina ella, luego supe que se llamaba Cecilia) se comunicó con el 911. Cecilia luego me diría que le espantó cómo tanta gente se había centrado en los autos, en quién había chocado a quién, sin siquiera registrar el acto de violencia que se había desarrollado frente a sus ojos.

El hombre seguía insultando (era una especie de mantra maligno del que no se podía desprender) y por fin me gritó que se iba porque tenía que seguir trabajando. Me apoyé en el capó de su auto y le dije que no me movía de allí hasta que llegara la policía, que si arrancaba el auto me iba a tirar al piso y la denuncia iba a ser además por las heridas que me causara. Le dije a mi hija que se quedara tranquila, que estábamos rodeadas de gente, y que la policía iba a llegar pronto a llevarse a ese hombre.

En ese preciso instante se me ocurrió filmarlo, que es lo que tendría que haber hecho desde un principio ya que, al ver el hombre que lo enfocaba con el celular, enseguida bajó el tono de su agresión.

Eran las ocho de la noche y hacía mucho frío. Mica me dijo que tenía hambre y le pedí que aguantara un poco. Traté de explicarle que era algo tristemente común responder de dos maneras frente a la violencia: con más violencia o con negación, una negación provocada por el miedo o en muchos casos (y esto es lo más triste) por simple comodidad. Y que yo, su madre, iba a probar otra alternativa.

El 911 nunca vino. El mismo conductor del taxi terminó yendo a buscarlos porque vio que no lo iba a dejar moverse de donde estaba, pero jamás aparecieron. Después de la llegada de mi corredor de seguros  y de la inspección de los autos  él me aconsejó que lo dejara irse y que hiciera la denuncia más tarde. Me dio una pequeña alegría maldita cuando vi que el taxi se había quedado sin batería y tuvieron que empujarlo para que arrancara. 

Como decimos aquí en Uruguay, nos comimos terrible garrón de dos horas en el medio de la calle, mientras nos insultaban, se burlaban de nosotros y nos pedían que sacáramos el auto para que todos los demás conductores pudieran pasar tranquilos por el lugar y así seguir ocupándose de sus propios asuntos. Pero yo, lo único que veía eran los ojos oscuros y serenos de mi hija, mirándome, mientras su voz resonaba diciendo: "quedate tranquila mamá, estoy bien". Por primera vez en toda mi existencia, me sentí simplemente una hembra de mi especie protegiendo a su cría.

Llegué a mi casa cansada pero con mucha paz. A la mañana siguiente vino la segunda etapa en la resolución del asunto. Estuve otro par de horas tratando de comunicarme con algún teléfono de la Patronal de Taxis. No me contestaban en ninguno, incluso en el que me dieron en informes de guía, hasta que por fin (!bendita Internet!) di con http://www.cpatu.com.uy/, y allí encontré un teléfono en el que sí me contestaron. Estuve un buen rato pidiendo que me pasaran con alguien de la comisión directiva porque quería plantearles de primera mano lo que me había sucedido. Dieron muchas vueltas pero al final cedieron porque fui amable pero persistente (como decimos los uruguayos: una verdadera rompehuevos). Quedaron en llamarme para notificarme qué sanción le iban a terminar aplicando al conductor. Y si no es así, ya los llamaré yo.

En toda esta situación usé varias horas de mi tiempo, las que podría haber utilizado para descansar, preparar la comida, dormir, adelantar trabajo, hablar con amigos, etc. Pero no quise ser cómoda. No esta vez. Y toda esta cadena de hechos tristemente comunes en la vida de una ciudad, incidente en apariencia ínfimo que se vive una y otra vez todos los días cambiando solo los protagonistas, me absorbió aún más horas para la reflexión...

Estamos en época de elecciones, casi todos estamos preocupados y ocupados en quiénes y cómo van a gobernarnos el próximo período. Y cada vez que escucho algún debate, discusión o intercambio de ideas (como quieran llamarlo) me viene a la cabeza la frase que pronunció mi abuelo  Gastón, con sus 96 años vividos, sentidos y razonados, en su casa de la ciudad de Rosario. Fue hace unos años, en la época en  que yo hablaba ilusionada y apostaba a todos "los cambios en serio" que se anunciaban en el país. Mientras me miraba fijo, ojos chiquitos e inteligentes y "mate galleta" en mano, soltó la frase letal: "No te hagas muchas ilusiones, m'hija, al fin y al cabo nos va a gobernar un uruguayo".

Buscar un grupo de gente que nos conduzca y trace los lineamientos del rumbo que va a seguir nuestro país es importante, pero ya no me entusiasma ni me angustia, francamente, quién pueda ser el elegido. Retomando la línea de mi abuelo, puedo agregar que nos va a gobernar un grupo de seres humanos, y no uno cualquiera, sino una muestra elegida de nuestro grupo. Ellos son ellos, pero también son nosotros. Esos personajes que vociferan, se chicanean y se pisotean para llegar al poder, somos nosotros.

En fin... agradezco de corazón a los que siguieron su lectura hasta aquí. Como siempre digo, espero que pueda servirles de algo las cosas que escribo, que no son ni más ni menos que las experiencias de alguien que podría ser uno de ustedes. Y ahora, antes de salir para el trabajo, voy a tejer un par de pétalos de una de mis flores. Mientras escribo esto último, una enorme sonrisa (ustedes no la ven) se acaba de pintar en mi cara. !Saludos!

martes, 9 de septiembre de 2014

SONETO DE LUNA ESCONDIDA

Dedicado a mi abuela Lelela:

Se ha escondido la luna en los confines del cielo,
blanca rosa dispersa por los aires de abril.
Ha guardado entre sombras el rostro de marfil
cual dama virginal protegida por su velo.

Ya no vaga su silueta en el arroyuelo,
desnudo el firmamento de la esfera sutil
y oscuros sustitutos de aquel tenue perfil
como fauces de lobo se pintan en el suelo.

Dulce luna de plata, misteriosa y esquiva,
tal vez nubes aguadas te mantengan cautiva
tras las vastas fronteras del nocturno portal...

No temo pues tus ojos vigilan desde arriba,
su esencia luminosa menguada, pero viva,
allí, tras dos estrellas de azulado cristal.

febrero de 2002

martes, 2 de septiembre de 2014

INSOMNIO (soneto)

Éste es un soneto que escribí hace mucho tiempo. Mi idea es, en un futuro, tejer un paisaje que lo acompañe. De momento lo dejo aquí, para compartirlo.

Siempre tuve problemas para dormir, desde niña. El por qué sigue siendo un enigma para mi y es un buen material sobre el cual trabajar en los próximos años, ya sea pensando, escribiendo, tejiendo o vaya uno a saber qué otra forma puede surgir.

Se lo dedico a todos aquellos que, como yo, saben lo difícil que es no poder refugiarse en el Sueño todas las veces que lo sentimos necesario...



Hoy la noche cuela en el tamiz de mi pupila
ríos de agua negra, cafeína sideral
 y el lino de los ojos de sueño se deshila
 inmerso en un torrente de oscuro mineral.

Agitada y silente mi concienca vigila,
melancólica y hambrienta del descanso vital,
solo el son de la lluvia me mantiene tranquila
repicando en mi techo sus gotas de metal.

La vigilia y el sueño son hermanos gemelos
más solo ella quedó, con mi cansancio en su palma,
llorando en un rincón la razón de mis desvelos...

y él, añorado amante que me desnuda el alma
se marchó por la ventana en misteriosos vuelos
llevando en su maleta mi oxígeno y mi calma.

febrero de 2002

sábado, 16 de octubre de 2010

Hone Onna 骨女


Hone Onna (mujer-hueso) es un personaje de la mitología japonesa. Hay escasa información en español acerca de ella y hoy mi pobre conocimiento del idioma japonés (el cual intento mejorar, día a día, con un enamoramiento que me sorprende) me lleva a escribir este pequeño ensayo con lo que pude recabar. Muy pocos occidentales la conocerán, excepto quienes hayan seguido la saga del anime Jigoku Shōjo.

Cuenta la leyenda que existió una mujer en Japón llamada Tsuyu, una artista tradicional (geisha) dueña de un encanto y una belleza perturbadores. Entre sus mayores talentos estaba el fabricar globos de papel, capacidad bastante inútil si se mira desde el punto de vista occidental. No hay que olvidar que la cultura japonesa, en general, es capaz de convertir el acto más simple y mundano en expresión artística. Tsuyu, por tanto, cautivaba con su pequeñas obras, las que sumadas a su hermosura la convertían en un ser muy especial.



Pero quiso el destino que su corazón puro se uniera al de un hombre malvado. Su novio, para saldar deudas, la vendió a un burdel. En ese  lugar, Tsuyu se hizo de una amiga: Kion, y su confianza llegó a ser tan estrecha que planearon huír juntas.

Poco antes de la huída Kion decide traicionarla, probablemente para conseguir algún privilegio dentro del burdel, y la entrega otra vez a su amante. Éste, como castigo ante su desobediencia, asesina a Tsuyu y tira su cadáver a un lago.



En el lago, su alma moribunda entra en comunión con otros hitodamas, a quienes suplica que la ayuden a no morir, ya que aquélla no sería una muerte digna (su cuerpo había comenzado a descomponerse dentro del agua y ya empezaban a asomarse algunos de los huesos de su rostro). Se apiadan entonces de ella y la convierten en un demonio (yōkai), quien es capaz de interactuar nuevamente en el mundo de los vivos,  pero con la capacidad de emular el atractivo aspecto que poseía cuando estaba viva.


Aún así, no puede desprenderse de su rencor y se interna en una sucesión de venganzas, tan infinitas como la muerte, en donde seduce a hombres desprevenidos con la ilusión de su antiguo encanto, para luego terminar enseñándoles su verdadero aspecto. Me pregunto qué es lo que hacía luego con ellos. Quizás se conformase simplemente con recrear el miedo y el desencanto que ella misma sintió alguna vez, para luego desaparecer.


Pero si en vida su alma se conservó pura, debió seguir así luego de su muerte.


viernes, 15 de octubre de 2010

ESPEJOS


  Me cortó el corazón,
él es un espejo,
se hizo pedazos,
estalló sobre mi.

Agudos cristales
de rojo vibraron,
me desentrañaron
hasta verme morir.

Al tiempo desperté,
fresca como siempre
de toda esa muerte
pero él seguía alli.

Dí cuántas veces
me debo partir
para descifrar
que él solo vive
desde y hacia mi.

¿Será que no hay
belleza alguna
por fuera de él
que me vuelva real?

Me abrí el corazón
con los puñales
de aquel espejo
pero aún así
no me pude hallar.

Solo existía él,
pobre de mi alma,
qué frío mirarlo
desde ningún lugar.

Solo miraba él,
el ojo perdido
en aquel vacío
donde debí estar yo.

Solo rasgaba él
mas no era su mano
la que sostenía
el trozo de cristal ...

setiembre de 2009

domingo, 19 de septiembre de 2010

LILIT

Lilit - cuadro de John Collier (1892).


Dos aproximaciones a la definición de "mito"

“…  el mito cuenta una historia sagrada; relata un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial, el tiempo fabuloso de los «comienzos». Dicho de otro modo: el mito cuenta cómo, gracias a las hazañas de los Seres Sobrenaturales, una realidad ha venido a la existencia, sea ésta la realidad total, el Cosmos, o solamente un fragmento: una isla, una especie vegetal, un comportamiento humano, una institución (...)  revelan, pues, la actividad creadora y desvelan la sacralidad (o simplemente la «sobre-naturalidad») de sus obras. En suma, los mitos describen las diversas, y a veces dramáticas, irrupciones de lo sagrado (o de lo «sobrenatural») en el Mundo. Es esta irrupción de lo sagrado la que fundamenta realmente el Mundo y la que le hace tal como es hoy día. Más aún: el hombre es lo que es hoy, un ser mortal, sexuado y cultural, a consecuencia de las intervenciones de los seres sobrenaturales.”
“Mito y realidad”


“La mitología es estática y descubrimos los mismos acontecimientos mitológicos combinados una y otra vez, si bien se encuentran dentro de un sistema cerrado, a diferencia de la historia, que es, sin duda, un sistema abierto”.
“Los mitos despiertan en el hombre sentimientos que le son desconocidos”
“Mito y significado”



Los mitos no siempre coinciden con la realidad pero de alguna forma constituyen historias que se han ido repitiendo con el devenir de las edades del ser humano. Aparentemente, todos deseamos las mismas cosas; hay quienes preferimos algunas, otros tal vez se inclinen por otras, pero todo  parece reducirse a la elección entre un grupo limitado de “esqueletos” que despiertan cualidades, pulsiones y deseos en la mente. 

¿Qué nos impulsa, entonces, a elegir determinados mitos, desechando otros? Y a partir de lo anterior: ¿por qué algunos parecen ser más atractivos y populares que otros? A modo de ejemplo: el “bueno” casi siempre le gana al “malo”, cuando esa no siempre es la mejor opción si queremos que el mundo funcione en armonía. 

Como consecuencia, todos los seres “oscuros” son adorados en silencio o en estado de inconciencia. Han sido despreciados y a veces hasta borrados de la historia; no forman parte de las convenciones sociales y son condenados a gemir, casi mudos, por entre las sombras de los sueños. A esos seres dedico especialmente este blog: los sucios, los renegados, los malditos, gracias a cuya oscuridad la luz de lo sagrado se torna más hermosa y brillante, y quienes con su ausencia provocan que cualquier tipo de luminosidad simplemente ciegue.

Dudo haber caído en este mundo para, sencillamente, no ver nada. ¿Y usted?


El mito de Lilit

“c. Entonces Dios creó a Lilít, la primera mujer, como había creado a Adán, salvo que utilizó inmundicia y sedimento en vez de polvo puro. De la unión de Adán con esta demonia y con otra como ella llamada Naamá, hermana de Tubal-Caín, nacieron, Asmodeo e innumerables demonios que todavía infestan a la humanidad. Muchas generaciones después Lilit y  Naamá se presentaron ante el tribunal de Salomón disfrazadas como rameras de Jerusalén.

d. Adán y Lilit nunca encontraron la paz juntos, pues cuando él quería acostarse con ella, Lilit consideraba ofensiva la postura recostada que él exigía. ‘¿Por qué he de acostarme debajo de ti? —preguntaba— Yo también fui hecha con polvo, y por consiguiente soy tu igual.’ Como Adán trató de obligarla a obedecer por la fuerza, Lilit, airada, pronunció el nombre mágico de Dios, se elevó en el aire y lo abandonó. Adán se quejó a Dios: ‘Me ha abandonado mi compañera’. Inmediatamente Dios envió a los ángeles Senoy, Sansenoy y Semangelof para que llevaran a Lilit de vuelta. La encontraron junto al Mar Rojo, región que abundaba en demonios lascivos, con los cuales dio a luz lilim a razón de más de cien por día. ‘¡Vuelve a Adán sin demora —le dijeron los ángeles— o si no te ahogaremos!’ Lilit preguntó: ‘¿Cómo puedo volver a Adán y vivir como una ama de casa honesta después de mi estada junto al Mar Rojo?’ ‘¡Morirás si te niegas!’, replicaron ellos. ‘¿Cómo puedo morir —volvió a preguntar Lilit— cuando Dios me ha ordenado que me haga cargo de todos los niños recién nacidos; de los niños hasta el octavo día de vida, el de la circuncisión, y de las niñas hasta el vigésimo día? No obstante, si alguna vez veo vuestros tres nombres o vuestra semejanza exhibidos en un amuleto sobre un niño recién nacido, prometo perdonarlo.’ Los ángeles accedieron, pero Dios castigó a Lilit haciendo que un centenar de sus hijos demonios pereciesen a diario ; y si ella no podía matar a un infante humano a causa del amuleto angélico, se volvía con rencor contra los suyos.

e. Algunos dicen que Lilit gobernó como reina en Zmargad, y también en Saba; y fue la demonia que mató a los hijos de Job. Sin embargo, evitó la maldición de muerte que recayó sobre Adán porque se habían separado mucho antes de la Caída. Lilit y Naamá no sólo estrangulan a los infantes, sino que también seducen a los hombres que sueñan, cualquiera de los cuales, si duerme solo, puede ser su víctima.” 
“Los mitos hebreos"



Michelangelo Buonarroti - Lilit y la Serpiente tentando a Eva (Capilla Sixtina).


Luego de pensar largamente en la forma de introducir a Lilit, preferí hacerlo a través del fragmento anterior, seleccionado de un libro al cual su autor dedicó gran parte de su vida. No es necesario ser un experto para reflexionar aerca de algo pero sí es recomendable, al menos, hacerlo desde la materia prima de una buena fuente. 

Resulta curioso que la idea de una mujer tan fuerte como el hombre y, al mismo tiempo, capaz de parir y de hacerse cargo de todas las actividades posteriores, en vez de ensalzarse y colocarse del lado de lo “divino”, se posicione en el “otro lado”, en el grupo de los seres oscuros y fabricados con inmundicia. 

Como posible respuesta a lo anterior, recuerdo haber oído o leído en alguna oportunidad, que una de las estrategias más acertadas en los grupos dominantes (con el afán de preservar su posición de poder) es infundir miedo y rechazo en los más débiles, pero proyectados hacia aquellos que pueden hacer peligrar esa posición privilegiada.

Cabe aclarar (una vez más) que la intención no es hacer aquí una apología del feminismo (muy buena ideología para comenzar una lucha, pero bastante mala en el momento de querer terminarla) sino simplemente volver a despertar la curiosidad de aquellos lectores que se han preguntado en algún momento de sus vidas por qué las mujeres hemos tenido un sitio tan desfavorable a lo largo de la historia de la humanidad. 

La imagen de Lilit aparece entonces, fuerte y hermosa, pero colocada definitivamente en el lado “oscuro”, enfrentándose a Dios de la misma forma en que lo hicieron centenares de demonios, quienes han habitado y habitan  los confines de nuestra mente, en perpetua evolución. Pero en el caso de los mitos hebreos, Lilit fue la primera. 

Veamos ahora cómo continúa el relato Mr. Graves, ya que muchos conocen a Eva y algunos habrán oído de Lilit, pero pocos deben saber que, entre esas dos mujeres, hubo algunas más. Con placer les presento a un Dios muy particular, enseñando una faceta que casi nadie suele mostrar: el Dios del Ensayo y el Error: 


“f. Sin desanimarse por no haber dado a Adán una compañera satisfactoria, Dios probó de nuevo y le dejó que observara mientras Él creaba una anatomía femenina utilizando huesos, tejidos, músculos, sangre y secreciones glandulares, y luego cubriéndolo todo con piel y añadiendo mechones de cabello en algunos lugares. La vista de eso causó a Adán tal desagrado que inclusive cuando esa mujer, la primera Eva, se mostró en toda su belleza sintió una repugnancia invencible. Dios supo que había fracasado una vez más y expulsó a la primera Eva. Adonde fue ella nadie lo sabe con seguridad.

g. Dios probó por tercera vez y actuó con más cautela. Tomó una costilla de Adán mientras éste dormía y formó con ella una mujer; luego le trenzó el cabello y la adornó, como una novia, con veinticuatro joyas, antes de despertar a Adán, quien quedó embelesado.

h. Algunos dicen que Dios creó a Eva, no con una costilla de Adán, sino con una cola que terminaba en púa y que formaba parte de su cuerpo. Dios la cortó y el muñón —ahora el coxis inútil— siguen llevándolo los descendientes de Adán.

i. Otros dicen que la idea original de Dios era crear dos seres humanos, varón y hembra, pero en cambio ideó uno solo con un rostro masculino que miraba hacia adelante y otro femenino que miraba hacia atrás. Otra vez cambió de opinión, quitó a Adán el rostro que miraba hacia atrás e hizo para él un cuerpo de mujer.

j . Otros más sostienen que Adán fue creado originalmente como un andrógino de un cuerpo masculino y otro femenino unidos por la espalda. Como esta postura hacía difíciles los movimientos y embarazosa la conversación, Dios dividió al andrógino y dio a cada mitad una nueva parte trasera. A esos seres separados los puso en Edén, prohibiéndoles que se unieran.”
“Los mitos hebreos”


Lilit en la mitología mesopotámica - tablilla de terracota (origen sumerio o asirio).

Parece ser que estamos frente a un Dios complaciente y condescendiente ante los caprichos del impresionable Adán. Esa es otra de las preguntas que queda suspendida en el aire: por qué se suele mostrar al primer hombre tan vulnerable, voluble, y a veces hasta estúpido, y sin embargo colocado en el sitial de mayor poder: ser el preferido del Padre. Los demonios eran condenados y expulsados, mientras a Adán se le seleccionaba una compañera a la medida de sus deseos, y de sus limitaciones

El mito de Lilit no nos es ajeno. Aún si quisiéramos dar la espalda a la razón y admitir por unos instantes la veracidad de alguno de los libros sagrados estandartes de la humanidad, aún así, sabríamos que al menos la fuerza y el poderío de Lilit surge de la auténtica imaginación del ser humano, aunque apenas se la nombre en ellos y cuando se lo haga, sea de manera superficial. 

Por lo anterior,  ella ocupa un sitial de privilegio en éste, mi catálogo de seres infernales predilectos: la Hermosa, la Lasciva, la Fértil, la Madre y, sobre todo, la que acapara el sueño de los hombres que duermen solos. Si alguna mujer ahora está leyendo esto, mi pregunta es: dejando de lado su destino desagradable, ¿no tienta al menos un poco parecerse a Lilit? 



Quienes deseen conocer más acerca de este personaje, cito las fuentes a las que he recurrido:

http://es.wikipedia.org/wiki/Lilit
(si bien la wikipedia tiene muchos errores y falencias, acostumbro siempre utilizarla como punto de partida)

http://temastiemposdenoe.blogspot.com/2010/08/la-historia-de-lilith.html
(este es un sitio con un administrador muy amable, quien ha puesto a las órdenes su artículo acerca de Lilith, tanto en la web como en formato pdf, para que pueda ser bajado)

http://www.es.catholic.net/temacontrovertido/609/1211/articulo.php?id=2566
(aquí una versión católica del mito de Lilit, puede ser interesante leerlo, y sacar algunas conclusiones)

http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/35705085656058499976613/033023.pdf?incr=1
(este artículo excelente de la Universidad Complutense de Madrid, si bien está orientado al arte, aporta muchos datos interesantes)

http://www.upasika.com/docs/graves/Graves%20Robert%20-%20Mitos%20Hebreos.pdf
(aquí “Los mitos hebreos”, de Robert Graves, en versión pdf que se puede descargar)