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viernes, 20 de febrero de 2015

HUMANO




Humano, tallo de hierba doblegado por el viento,
melodía inconclusa, leve aliento de la nada; 
un creador oculto te retiró el sustento,
 y hoy navegas sin rumbo tras esa huella añorada. 

Magro trozo de tierra, azul fragmento de cielo, 
con cuánta fragilidad se me revela tu alma 
prisionera en un cuerpo con raíces en el suelo, 
embriagada con el éter de un ensueño sin calma.

 Volcán de amor y odio, cuento breve y enfermizo,
cornamenta de demonio sobre testa de deidad; 
imposible razonar si algún dios así te quiso, 
hijo de la serpiente, esclavo de la libertad.

Pulsión insignificante destructora de reinados,
 derribadora de torres, brote de sangre y enchastre; 
hacedor de cadáveres, rumiador de pecados, 
llamarada de fuego, hijo ausente del desastre. 

Ser humano, tierno y duro, amante y asesino, 
duele tanto conocer tu absurdo significado,
 a qué portal dantesco te arrastrará tu destino, 
qué sublime obra de arte habrás hoy esbozado. 

Ser humano, necio, odioso, ebrio de locuras, 
masa sanguinolienta de sensatez y sinrazón; 
tejedor de promesas, melodías, criaturas,
 triturador de huesos, fauces rojas de dragón. 

 Siddhartha, Jesucristo: siluetas desdibujadas,
diluidas en un sutra y un cáliz pleno de vino,
doctrinas semientendidas y mal memorizadas, 
olvidos de carne y hueso que predijeron tu sino. 

Caen las hojas de los árboles, se derrumban pedestales, 
nacen y mueren animales en cada hora indolente
mas solo el amor y el odio del hombre son inmortales, 
fruto dulce y fruto amargo en una misma simiente.

Siervo infiel de la Naturaleza, duende revoltoso, 
parricida y matricida, en tu derecha un puñal 
y en tu izquierda una rosa con aroma delicioso, 
y en tus ojos aura cruel con ternura de cristal. 

Cegador foco de luz, mano que cede y que quita, 
moldura caprichosa con el futuro de marfil, 
rey esclavo, sacerdote de mazmorra y de mezquita, 
faz de viejo moribundo con la sonrisa infantil. 

A tu salud, criatura, que miras tras el espejo; 
yo soy tú, tú eres yo, te festejo y te maldigo; 
es preciso descifrar lo que veo en tu reflejo,
comprender en una parte mi perdón y mi castigo. 

Hijo del sol y de la luna, violenta conmoción,
imposible bosquejar tu retrato con pericia; 
tú, artífice y artista de la obra y la destrucción, 
pueril indecisión entre la entrega y la codicia.


marzo de 2001.-

HERMENEGILDO TERCERO



Historia verídica de una mina en los años 90 - Incursión involuntaria en la  Chick Lit

***

   Por una extraña y feliz conjunción de astros me encontraba inmersa en aquella noche calurosa pero matizada de brisa, fresca y recién nacida. El verano se anunciaba en todo su esplendor y me contagiaba su euforia de sábado. Allí estaba yo frente al espejo, mirándome, examinándome de cuerpo entero como un pintor frente a su lienzo en blanco. 

   Sobre mi cama descansaba una falda de acetato negro, larga hasta las rodillas pero con tajos en los costados, de esas que se pegan al cuerpo para luego caer rectas; casi transparente, casi recatada; me había costado barata y sin embargo era bastante bonita. Los zapatos, también negros, con taco muy alto y pulsera irían muy bien con ella. Pensé que no iba a ser necesario usar medias, eso era una suerte porque a lo largo de la noche iban a terminar resultando sofocantes. 

   A partir de allí el problema central radicaba en la selección cuidadosa de la blusa. También sobre mi cama se encontraban tiradas en desorden cuatro o cinco de ellas, algunas escotadas, otras sin breteles, algunas coloridas, otras algo más discretas. Para cada una había seleccionado un soutien. Es notorio cómo cambia la forma de una remera dependiendo del soutien que se use; algunos levantan y juntan, otros aprietan y bajan, etcétera. Detalles importantes que solo una conoce. A lo largo de muchas noches de baile se desarrolla cierta pericia. Si la pollera es larga mejor utilizar una blusa escotada, escondiendo de un lado y mostrando de otro, es decir, provocando la mirada en un lugar pero sin invadir demasiado con el resto. 

   Por fin me decidí por una blusa de lycra color fucsia y un sostén con breteles de silicona que achataba y redondeaba. Peiné con secador mi cabello corto con mechas recién teñidas, observando el buen trabajo de mi peluquera al haber ubicado tan estratégicamente aquellos claritos dorados sobre el resto de la melena castaña. 

   Qué felicidad era no tener la menstruación, ni siquiera estar cerca de ella. Si así fuera, probablemente todo aquello me hubiera parecido horrible y ubicado en un mal lugar. Es difícil adivinar cómo alguien puede llegar a sentirse hermosa y luego todo lo contrario con tan solo tres o cuatro días de diferencia.

   Una vez que la sangre bajaba y se aflojaba la tensión todo volvía a ser como antes, por lo que tragedia disminuía considerablemente su intensidad. Empezaban entonces el dolor de ovarios y los calambres, pero con un analgésico todo se arreglaba y la situación incluso terminaba siendo disfrutable. Es verdad que los sonidos estridentes molestaban el doble o que los simples reproches sonaban como groseros insultos, pero la música hermosa también se tornaba más dulce y los colores de las cosas tomaban un tono más brillante. Y el amor parecía florecer desde la piel, más que de costumbre. 

   Recuerdo una vez, en medio de una menstruación; estaba sentada frente al televisor mirando National Geographic. Observaba cómo cientos de miles de lemmings se arrojaban por una ladera, suicidándose, con el único objetivo de preservar su especie. Pocas veces en mi vida había llorado tanto como ese día. Y mientras las lágrimas me caían a borbotones me preguntaba fríamente por qué carajo estaba llorando, hasta que al final terminé riendo como una demente. Eso jamás se lo comenté a nadie pues, en definitiva, los lemmings continuaron muriendo y yo seguí menstruando. 

   Pero ese no era el caso de la noche en que me encontraba. Mis hormonas parecían estar bastante estables, quizás un poco alborotadas como lo están casi siempre las de las mujeres sin pareja, pero controladas al fin. La dignidad debía prevalecer ante todo y la pérdida del temple podía, en la mayoría de los casos, entorpecer la ya difícil búsqueda de un espécimen masculino satisfactorio. 

   Dediqué media hora a mi maquillaje, intentando con todas mis fuerzas acomodar mucha pintura de forma de lograr el efecto de no parecer maquillada pero con ojos más grandes, labios más gruesos y pestañas más arqueadas. Por último, el perfume detrás de las orejas, en la parte inversa de las muñecas y luego en el pliegue del busto. Me parecía un poco difícil que esa noche llegara a permitir que una nariz fuera a parar justo allí; no estaba de humor. Pero nunca se sabía y más valía estar preparada. Quizás un príncipe azul con vaqueros, camisa al tono y olor a cerveza fuera capaz de romper el maleficio llevándome a mi, la bella durmiente, a algún rincón escondido, aislado de la música estridente y en esos momentos, pasara lo que pasara, era mejor tener perfume en el escote. Eso lo sabíamos todas. 

   Terminado por fin el lento proceso de metamorfosis, observé la obra frente al espejo y quedé conforme. Abrí la puerta de mi dormitorio y estaba mi hermano.
 - Sentí tu olor a perfume desde mi cuarto. ¿Por qué las mujeres se bañan en perfume?
Le contesté mientras me cubría con un saco negro y calado que no abrigaba.
 - Porque a los que no son tus hermanos les gusta el olor a perfume, gil.

   Justo en ese instante el teléfono sonó. Mi amiga salía desde su casa hacia la mía y llegaría en cinco minutos, solo estaba retocando un poco sus rulos para que no se le erizaran en el medio de la noche. Pensé que entonces tendría al menos media hora más para esperar. Volví a toparme con mi amigo-enemigo el espejo y sentí una especie de sobresalto. Vi una silueta vestida de negro y fucsia, adornada, de mejillas encendidas y ojos brillantes; imposible juzgar si eso que veía era realmente bello o no pues me estaba mirando a mí misma, pero lo que me impresionó fue lo hermoso de mi expresión. Ante mí se encontraba el producto de un ritual milenario, de un procedimiento cuidadoso que había durado casi dos horas. En un instante vino a mi mente la imagen de una gata, animal majestuoso tan criticado e incomprendido, que suele ser tachado de traicionero pues le es fiel solamente a los de su especie. Y recordé a unos cuántos hablando de mujeres libertinas, dirigiéndose a ellas como "gatos". Qué poco sabe la gente de los felinos. Y qué poco les importa a ellos, al fin y al cabo. 

   Yo sí creía conocerlos. Esa noche era justamente una gata, en busca de pareja. O al menos de un roce felino, en medio de aquel océano de soledad. Qué habría de malo en eso, me pregunté, y luego decidí hacer lo que ellos, no pensar. Y simplemente salir a vagabundear. 

   Llegó mi amiga y nos pusimos en marcha.


***

   Llegamos al enorme salón fragmentado en varias pistas, cada una con diferentes melodías y ruidos. Las personas que había allí también eran muy diferentes. Gente muy joven, casi niños, otros no tanto. Gente borracha, despierta, aburrida, eufórica. Un enorme cambalache de personas, luces, sombras y colores. Sin embargo las miradas eran casi todas parecidas; recorrían los rostros, los cuerpos, se detenían apenas un instante y luego continuaban su recorrido. Algunos pares de pies se movían pero aún muy lentamente; era demasiado temprano. Solo las manos, florecidas con cigarrillos, vasos de cerveza y tragos, se mantenían activas, mientras los ojos miraban y seguían mirando, en lo oscuro, acechando como los ojos de los gatos. 

   Yo ya tenía mi botella de cerveza en la mano y mis tacos empezaban a repiquetear. Odiaba estar quieta durante demasiado tiempo. Había hombres atractivos pero pocos, y demasiado jóvenes. Algunos se acercaban y molestaban, otros observaban, casi despectivos. Por un instante dejé de mirar hombres y me concentré en las mujeres.  Algunas eran muy parecidas a mí, otras eran casi niñas, pinturrajeadas y con caritas asustadas, empapándose recién de las leyes y las reglas de la selva. 

   Luego pensé en algunas de mis amigas, las imaginé descansando con sus novios o maridos, o haciendo el amor con ellos, o durmiendo a niños pequeños. Sonreí. Algunas con falda negra, otras desnudas, otras en camisón, las habíamos para todos los gustos. Luego imaginé en dónde me gustaría estar en esos momentos. ¿Allí? Probablemente no. Pero mejor hacer como los gatos. Solo los humanos necios miran hacia atrás y los costados cuando la vida se les dibuja precisamente adelante. 

   Comenzó a sonar una música más alegre y todos parecieron contagiarse. Las miradas de selección se tornaron un poco menos exigentes y las barreras humanas empezaron a caer poco a poco, ayudadas por el alcohol. Me sentía viva y capaz de sonreír, de mirar y de invitar con la mirada. Aquél me mira pero no me gusta. Aquel otro es atractivo pero creo que ésa con la que baila es la novia... Pucha. Bueno, no importa. A ver aquél de más allá... 

   Pasaron un par de horas y comencé a cansarme, sobre todo mentalmente. Además, los vasos consecutivos de cerveza habían embotado mis sentidos. Me senté en un rincón. Había bailado demasiado y los pies me dolían. Mis zapatos eran cómodos pero los tacos demasiado altos. Sin embargo me gustaba el efecto resultante de caminar con ellos. 

   En determinado momento una figura apareció frente a mí. Alto, delgado, muy joven, camisa blanca, ojos grandes y achatados, como dibujados en la cara, cejas pobladas pero castañas, y muy claras. Sonrió y me encantaron su risa y sus dientes. Las dos paletas estaban un poco separadas y eran muy blancas, tanto como su camisa. Estaba bastante borracho pero parecía sobrellevarlo con dignidad. Tenía ese aire felino. Pensé para mis adentros - Ahora se me acerca y me pregunta cómo me llamo, si trabajo o estudio. Me dice que soy muy linda y luego comenta que eso me lo deben decir todos. Me mira el busto y seguidamente elogia mis ojos. En fin. Lo de siempre.

   La figura se fue aproximando y yo, disimuladamente, ya me había parado. Me miró a los ojos y soltó su retahíla.
 - En realidad, no es que seas demasiado linda. Sin embargo me encanta tu corte de pelo estilo europeo. Tenés una preciosa sonrisa y caminás como si estuvieras en puntas de pie. Lástima ese saco calado que no me deja verte la forma de los pechos. 
- Eso depende del soutien que use - pensé para mí, pero no se lo dije. 

   Caí en la cuenta de que nadie me había dicho nunca algo tan terriblemente sensato y certero en mis cientos de noches de baile.
 - Ahora me vas a pedir que me vaya y tenés toda la razón - siguió hablando.
Nada más lejos de mis intenciones. La posibilidad de alguien diferente, listo allí, pronto para ser seducido quizás con palabras más que con una belleza desquiciante, encendió al máximo mi instinto de caza. Además, había desaparecido mi aburrimiento y eso era lo más importante. 

   Lo único malo es que el chico hablaba demasiado. Retuve muy pocos detalles de la conversación, sin embargo recuerdo que sus palabras eran deliciosamente cínicas y afiladas, curiosamente sin llegar a la grosería. Qué más podía pedir yo, a las cuatro de la mañana. Tomaba mucho alcohol y me invitó a un par de tragos. Luego yo lo invité a otro; me gustaba hacer eso, hacía sentir mis pies bien plantados enfrente de él, como si me invistiera con un cierto equilibrio que por algún motivo necesitase. Noté que él había tomado demasiado líquido ya que cada cinco minutos iba al baño. La primera vez pensé que se iría y no volvería más, pero siempre regresaba. 

   Nuestra conversación se fue poniendo cada vez más divertida, en algunos casos intensa pero siempre dentro de un absurdo y deliciosamente innecesario marco de sutileza. Siempre me gustó divertirme de esas maneras y este muchacho se prestaba muy bien para el juego. En un momento le pregunté su nombre y él me dijo "Hermenegildo Tercero". Le contesté "Encantada, Hermenegildo. Yo soy Juana de Arco". Luego él tomó un pedazo de vidrio de un vaso roto que había en el piso, me dijo con ceremonia que era un diamante y que me lo regalaba. Allí empecé a pensar que quizás estuviera algo loco pero luego me regañé a mí misma. Jamás nadie me había regalado un diamante en mi vida. ¿Por qué opacar la ocasión con un estúpido razonamiento? Le di las gracias con una reverencia y lo guardé en mi bolso. 

   Hermenegildo siguió hablando de sus viajes, de sus noches de baile, de sus tragos preferidos y de mis piernas. Yo le hablé de sus ojos y de sus dientes, pero casi no pude decir más porque él continuaba con su verborragia. En un momento me dijo que sabía que me estaba aburriendo, que iba a salir un segundo a la calle para que yo pudiera descansar de él. Me rogó que no me fuera, que por favor me quedara y lo esperara. No se por qué pero decidí hacerlo - No te vayas Juana, por favor - me decía, mientras se alejaba.

   Regresó a los cinco minutos. Pasó por entre un grupo de personas que estaban bailando, se pechó contra un guardia de seguridad y casi aterriza en mis pies. Me miró fijamente. Su mano izquierda apretaba fuertemente la curva del codo de su brazo derecho y la mano colgaba fláccida, como sin vida. Él seguía sonriendo y sus dientes separados brillaban con la luz violeta del techo. 

   Me tomó por la cintura y nos pusimos a bailar una melodía muy rápida. Giramos como trompos en medio de la pista. Ya no quedaba casi gente. Mi amiga había desaparecido. Mi pelo despeinado y mi falda de acetato ondeaban de un lado a otro y yo acompañaba con mis tacos negros. En determinado momento Hermenegildo me miró.
- Vos sí que bailás. 
Me detuve en seco y lo miré también. Una voz dentro de mí, que no reconocí como mía, le contestó al instante.
- Y vos, te drogás. 

   Esa frase fue, quiso serlo, sin reproches. Un simple comentario, una observación desapasionada de la realidad. Creo que lo sorprendí, lo impacté, porque dejó de bailar y me miró fijamente a los ojos. A esas alturas el alcohol ya había desaparecido de mi cabeza, al igual que la euforia y el instinto de caza. Me encontraba de la misma manera en que estoy una mañana de lunes, como una mujer de cara lavada que se prepara para salir a su trabajo.

   Tenía ante mí a un hombre, yo diría que bastante inteligente y refinado, con el suficiente dinero como para elegir y comprarse una camisa de buena calidad, y también para inyectarse vaya uno a saber qué sustancia en la entrada de un boliche. Sentí pena y desapego. Simplemente continué observándolo, igual que él a mí. 

   El muchacho habló otra vez.
- Ahora no vas a querer verme nunca más. Ahora te vas a ir y me vas a dejar solo. Hacé lo que quieras - su voz no sonaba tampoco a reproche - Yo, drogándome, puedo conseguir cualquier mujer que quiera. 

  Mi voz volvió a salir desde algún lugar.
- Ojalá pudiera ayudarte, pero no puedo. No se cómo. Además, no me corresponde. Si se te ocurre algo que pueda hacer, te escucho. Si estoy de acuerdo, lo haré. 

  Él no dijo nada; se había quedado mudo y quieto, como una estatua de cera. 

  Fueron unos instantes de quietud, que me pareció tanto física como temporal
- Vos no me vas a llamar - me espetó con voz fina pero firme - Yo te voy a dar mi teléfono pero no me vas a llamar. 

   Le pedí que me lo diera y prometí llamarlo, aunque no quise darle el mío. Una gata con cierta trayectoria sabe reconocer muy bien un cebo envenenado. Sin embargo sentí que debía hacer algo, aunque solo fuese llamarlo al otro día y decirle una cosa como: "Acá estoy. Te cruzaste en mi vida y significaste algo. Gracias por el diamante que me regalaste. Sos algo más que el recipiente de una droga. Seguramente no volvamos a vernos pero no te voy a olvidar"


   Nos despedimos, luego de que él me hiciera repetir varias veces el número de su teléfono. Cuando se iba me miró por última vez a los ojos y me repitió, convencido, que no lo iba a llamar. Lloré por dentro. Me acordé de los lemmings. Luego reí cínica para mis adentros pensando en el resultado de la noche de cacería. 

***

  Amanecí como siempre en esos casos, la cabeza embotada, los pies adoloridos, el cuerpo pesado, la pollera de acetato tirada en el suelo e impregnada con olor a cigarrillo. Desayuné un litro de agua e inmediatamente tomé el papel en el que había anotado el número. Eran las dos de la tarde. Me senté frente al teléfono pensando en lo que iría a decirle. 

   De ninguna manera aceptaría volver a verlo, no estaba dispuesta a enredarme con un drogadicto. Pero al menos podría establecer contacto y decirle con algunas pocas palabras algo así como "Existís". 

   Mis dedos discaron pero cuando llegué al sexto número se detuvieron. Ya era tarde. La voz de una mujer mayor contestó del otro lado. 
- Hola, ¿quién habla?
La única frase que se me venía a la mente era "¿Está Hermenegildo Tercero?". Se me congeló la voz. No había nada para decir. 

   Colgué el teléfono y tiré el número.

 Jamás volví a saber de él. Sigo recordando a los lemmings, y pienso que nadie mejor que ellos saben cuál es su destino. Quizás Hermenegildo lo supiera cuando nos despedimos. Lo que probablemente nunca sepa es que guardo su diamante como uno de mis mayores tesoros.

martes, 10 de febrero de 2015

Un cuento del Sr. M.O.G. - Capítulo X: La mañana


https://thefella.com/photo/tallinn-old-town

(Wasson ha conversado con Betty la mesera y ha descubierto en ella mucho más de lo que la chica había mostrado largos años de su vida en ese pueblo. Pero sabía, cuando se fue a dormir, que eso era solamente el principio del trabajo que tendría que hacer en ese lugar).


    La mañana llegó arrebolando cada pequeña cosa primero con un color rojizo y luego con su color. Como si fuese necesaria una nueva fragua cada mañana para insuflar su esencia a las cosas, como si solamente ese pasaje por la oscuridad, luego el rojo fuego fueran el único camino hacia los luminosos colores de nuevo. Pero mientras esto ocurría, Wasson dormía. Aún así, seguiría siendo Wasson al despertar.

    Había soñado que viajaba a Nueva York sin ninguna razón, y por eso vagabundeaba temeroso por las calles jalonadas de rascacielos. Pero allí encontraba por casualidad a una joven, a quien no podía ver la cara, pero que le hablaba con dulzura y familiaridad, como si le conciera de hacía mucho pero hubieran dejado de verse. Ella lo llevaba a uno de esos rascacielos y allí le mostraba la vista y le preparaba comida. La ciudad era la misma pero también era distinta, llena de luces como los ríos de estrellas en el cielo. Luego de servir la comida, ella se sentaba al lado y comía junto a él, sin decir palabra y Wasson se preguntaba cómo había dejado pasar tanto tiempo sin visitar o al menos hablar con esta buena amiga. Era un sueño hermoso, claro, pero de un modo único.

    Al abrir los ojos, con la cabeza pegada a la almohada, rayado por las franjas de luz que entraban por las rendijas de la persiana, lo primero que pensó Wasson fue: 'hay formas únicas de lo hermoso'. Luego, volvió a cerrar los ojos por unos minutos, deseando sordamente volver al sueño. Pero por desgracia no solo no lo consiguió, sino que empezó a recordar todo: quién era y donde estaba, qué debía hacer allí.

    -Maldita sea! -gritó al ver el reloj. Se le haría tarde para la recepción.

***

    Tras las correrías nocturnas algo había cambiado y descubrió que conocía ya el camino. Era bastante sencillo, doblaba hasta la calle principal que, ciertamente no era la calle principal, pero sí una que recorría el pueblo de cabo a rabo, y luego torcía a la altura que deseara. Así lo hizo y llegó hasta la fonda de Molly, mirando desde lejos la estación de tren. Estaba lejos, sí, pero no tanto como para no verla y como para no ver llegar al tren, cuando llegara. También podía ver el automóvil negro, un Maria negro, estacionado cerca del andén. Mientras esperaba, entraría a lo de Molly. 'A desayunar' se dijo 'eso es todo'.

    Pero cuando entró no vio a Betty o Elizbetha, otra muchacha se le acercó. Se resignó a pedir un café y unos huevos con tocino. El aroma de la comida lo reconfortó y luego de comer y beber, pasó por donde estaba Molly para pagar. La mujer se mostró muy amable, le agradeció que hubiese vuelto luego del 'malentendido' del día anterior. Lamentaba que Betty no se encontrara entre ellos, pues había llamado para informar que se encontraba indispuesta y no podría ir a trabajar ese día. Nada grave, solamente una migraña. Molly no le dejó pagar, la casa invita, repetía. Y luego, vuelva cuando quiera. Wasson se preguntó cuánto tiempo le duraría la sonrisa una vez él hubiera traspuesto el umbral.

    Afuera la vida seguía como siempre o, al menos, como la había visto ayer al llegar o en tantos otros pueblos que Wasson había visitado. El Maria negro seguía en posición. Wasson recordó algo de su niñez. Le habían enseñado sobre Aristóteles y que la philosofía natural versaba sobre las cosas que cambiaban, que existían la forma y la materia y cómo lo más extraño en el mundo era el cambio. Pero Aristóteles también había enseñado, en su libro Metafísica, sobre las cosas que no cambian: la cosmología y la teología. Quizá hubiese otras cosas que no cambiaban, quizá la vida de ese pueblo y de tantos otros fuera en sí misma una cosmología particular y, en los actos de cada uno de esos seres humanos, repitiéndolo una y otra vez, estuviera dictando algún demiurgo una teología particular, inconcebible pero inmutable. Hasta el tren, que se acercaba, lo hacía siguiendo las leyes que estaban escritas en el tablero de horarios.


 colaboración 
(continuará)

lunes, 15 de diciembre de 2014

LA GATA



Dedicado a la mujer gato que supe ser algún día y a tantas otras que conozco. No están solas.


Húmedo capricho de mi melancolía...
 si a veces pienso que soy una gata terca y mañosa
que se acostumbró a andar por las noches 
pero añora un poquito la luz del día.
A veces intento disfrazarme de perrito fiel,
 juguete casi, saltarín y alegre, 
moviendo el rabo y ladrando, modosita. 
Cuando te miro, siempre te ladro
pero ambos sabemos que deseo morderte.
Supongo que hay algo más que ofrecerte
además de la mirada quieta 
de una gata sombría 
pero tus avances y retrocesos
 despiertan mi instinto 
y mi hambre es intensa. 
Te observo, te espero  y mi odio es tan fuerte 
como el amor que siento.
En el helado destierro de mi noche solitaria
 el olor de tu cuerpo 
se ha vuelto mi razón primera 
y mi instinto asesino percibe lo que ambos somos; 
lo que eres que yo no soy,  
lo que soy que tú no eres.
Tengo agua, flores y besos para ofrecerte, 
arrullos maternales y súplicas de abrigo. 
Pero estás lejos y cuando vienes, 
nada de eso es suficiente para retenerte. 
Primero debo atraparte como a un animal esquivo. 
Mi mente lo sabe y mis ojos gatunos
 resplandecen por eso;
animal adorado y odiado, melancólico y con amo, 
con ganas de escaparte pero fuertemente atado, 
mis ojos me dicen que te estás asfixiando, 
o quizás sea el deseo que me grita desde ti.
Mientras tanto yo sigo merodeando
pero cuando abres las puertas 
me detengo indecisa. 
Temo ver todas mis flores desnudas y marchitas, 
sin el agua de tu alma volcada sobre ellas.
Qué dulce criatura puede ser una gata, 
qué vulnerable, qué sumisa... 
frente a la luz, es casi ciega, 
es por eso que la noche se ha vuelto su morada.
 Allí sus pasos son seguros y te ve siempre. 
Más cuando llega el día, desapareces, 
te vas con tu mujer perro... 
y de poco sirve mi disfraz, 
en nada ayuda que te ladre. Al final,
siempre brota el maullido de mi garganta.

junio de 2000

domingo, 23 de noviembre de 2014

Un Cuento del Sr. M.O.G. - Capítulo VIII: El Plan



(Elzbieta, la sobreviviente del holocausto, la hija de inmigrantes polacos, la muchacha cuya familia desapareció en el misterioso bosque de Nahuam y que desde entonces debe tomar pastillas para no soñar horribles pesadillas recurrentes donde sus parientes se mutilan mutuamente, ha contado todo cuanto tiene para contar).


   -Debe pensar que estoy loca.
   -Todo lo contrario. En mi línea de trabajo hay un nombre para... su condición. Clarividente.
   Elzbieta sonrió.
   -A qué se refiere?
   -Un clarividente es una persona que tiene una facilidad de percibir fenómenos paranormales. En algunas situaciones cualquier persona podrá tener esa percepción. Pero solo seres muy sensibles son capaces de mantener esa habilidad en forma constante. Creo que usted tiene ese don. Y creo que su madre también lo tenía.
   -No diga tonterías -dijo ella, tratando de sonar cínica pero un temblor en la voz delataba un dejo de temor.
   -No estoy diciendo tonterías. Créame, he visto clarividentes y fraudes. Déjeme hacerle unas preguntas.
   -Es muy tarde -dijo ella, levantándose y recogiendo su bolso y abrigo- Debo irme. No debería haber venido.
   -Pero le estoy agradecido que lo haya hecho -dijo Wasson. Qué es lo que estoy sintiendo, se preguntó. Por qué dije eso. Y de pronto su rostro se había vuelto rojo como un tomate.
   La ayudó a ponerse el gabán y la acompañó hasta la puerta. Él hizo ademán de acompañarla.
   -Gracias, pero preferiría ir sola. Necesito aire.
   Entonces vio algo en el rostro de Wasson y agregó:
   -Pero me alegrará volver a verlo en la mañana, en la fonda de Molly.
   Estrecharon sus manos y la muchacha se alejó por la calle bajo los faroles. El sonido de sus zapatos en el pavimento se fue haciendo cada vez más imperceptible hasta desaparecer del todo y solamente entonces Wasson volvió adentro.
   La muchacha, debía de tener visiones todo el tiempo si no fuera por las pastillas. Esos sueños. La madre, seguramente, también tuviera el don. Debió saber que moriría en el viaje. Quizá no tuvo tiempo de explicarselo a su hija antes de morir. Quizá simplemente no habría sabido como hacerlo. O será que sus habilidades empezaron a manifestarse recién en la adolescencia, como en tantos casos bien documentados? Justamente cuando ocurrió esa tragedia con su padre y sus hermanos. Seguramente el sueño contenía la clave, ese sueño recurrente y horripilante donde los diablos vestidos con la piel de su padre y hermanos venían a buscarla y la forzaban a tomar parte de esa orgía de sangre. Pero ella había tenido que bloquear ese sueño y todos los demás, y con ellos sus visiones, para sobrevivir. Quizá, sin embargo, ella aún pudiera manifestar algo del don aún bajo el efecto de las pastillas. En cosas nimias, seguramente, como adivinar los pedidos de los clientes. Algo es seguro, por eso mismo Betty le llamó la atención en la fonda; algo dentro de Wasson se había dado cuenta ya entonces que ella tenía el don de la clarividencia. O habría sido otra cosa?
   Elzbieta tenía el rostro pálido y hermoso, el pelo negro y enrulado y los labios como una herida abierta. Wasson se dijo que no debía pensar más en ella. Al menos no así.
   Metió la mano en el bolsillo y sacó el reloj. Era tarde, pasada la una. Y sin embargo no había sido un error llegar antes. Había aprendido cosas de Nahuam senior. De como su aserradero cayó en desgracia y todos los empleados que pudieron lo abandonaron, y tuvo que apelar a los polacos y otros inmigrantes. Había un gran caudal de ellos, debido a la guerra; huyendo de la guerra llegaban a Norteamérica, la tierra de las oportunidades. Y el pueblo estaba cerca de un puerto. La llegada de marineros extranjeros o inmigrantes sería moneda corriente. Quizá Nahuam enviaba a alguien por ellos al puerto, con ofertas y promesas.
   Acaso sería posible que Nahuam hubiera hecho un trato con una entidad o entidades sobrenaturales que habitaban en el bosque? Cómo puedo pensar algo tan disparatdo, se reprochó Wasson. No debo tomar al pie de la letra lo que me ha dicho Elzbieta. Pero... acaso eso no explicaría tantas cosas? A cambio de sacrificios humanos, esos espíritus del bosque, temidos por los indios, le habrían proporcionado riquezas a Nahuam. La gente del pueblo le temía y no trabajaba para él, pero los extranjeros no lo conocían. Eran las víctimas ideales. Nadie los extrañaría. Y Elzbieta, la pobre chica judía, estaba loca; aún si hubiera querido no habría podido hacer nada. Ni aún hablar con nadie que le creyera. Pero él, Wasson, le creía. El la ayudaría a llegar al fondo de su misterio. Quizá con su ayuda hasta pudiera volver a dormir y soñar. Quizá...
   Otra vez se descubrió pensando en la muchacha de un modo que no le gustaba. Que no le ayudaría en su trabajo. Su trabajo que aún no había comenzado, pero ya comenzaría. El cansancio, realmente estaba abrumado. Así que buscó por la casa un lugar donde acostarse. Encontró una habitación perfectamente dispuesta, seguramente por aquél abogado. Se desnudó rápidamente y apoyó la cabeza sobre la almohada. Había tantas cosas que no entendía. Debería hablar con esos indios. Esos espíritus o espíritu del bosque, él ya había oído hablar de ellos. La leyenda del Wendigo. Seguramente despejarían sus dudas, encontraría una explicación racional.
   -Además -escuchó una voz- nunca creí en los pactos con el diablo.
   Wasson se dijo que esa voz susurrante que había oído era la suya. Y se quedó dormido.

***

   El hombre que se había presentado a Wasson como Samuel Marcus golpeó la puerta del estudio en la residencia Nahuam.
   De adentro provino una voz cálida y mecánica que dijo:
   -Adelante, Marcus.
   Marcus abrio la puerta. El estudio le recordó al que había conocido en otro lugar y otro tiempo. La casa estaba en penumbra, apenas unas lámparas para poder transitar por los largos corredores y las escaleras. Pero allí, además, ardía un fuego. Sentado examinando unos pergaminos de apariencia aantiquísima había un hombre alto y delgado, más alto y más delgado que él mismo. Dejó la lupa en la mesa, levantó la vista y le sonrió.
   Sin mediar palabra fueron caminando hasta dos sillones dispuestos frente al fuego.
   -Recibí el llamado del muchachuelo ese. Todo ha ocurrido como habías previsto... Wasson se dio cuenta de Betty, y estuvo hablando con ella largamente. Recién ahora la muchacha se ha ido a dormir y seguramente Wasson también. Fue una buena idea que el chico la siguiera.
   Mientras Marcus hablaba, el otro destapó una botella de bourbon y sirvió dos vasos. Con la mano indicó a Marcus que se sentara.
   -Si. Todo está saliendo de acuerdo al plan.
   Chocaron los vasos, brindando, y luego bebieron un trago largo. Las llamas oscilaron. Ellos volvieron a beber. 



colaboración 
(continuará)

lunes, 27 de octubre de 2014

Un Cuento del Sr. MOG - Capítulo II: El abogado del diablo


http://www.agardenforthehouse.com/2011/12/house-tour-the-music-room/

(Fredric Wasson llegó al pueblo de Lovendale, un día antes de lo previsto para indagar un poco. Lo que averiguó es que la gente teme y odia a cualquiera que lleve el apellido Nahaum. Un jovenzuelo lo condujo a una casa lejos de la calle principal, donde trabó conocimiento con Samuel Marcus, abogado de Walter Nahaum Jr.)


    -Usted parece saber muchas cosas y yo ninguna. ¿Con quién tengo el gusto de hablar?
    La figura alargó la mano.
   -Mi nombre es Samuel Marcus. Soy el abogado e íntimo amigo de Walter Nahaum Jr., el heredero de la casa Nahaum. Encantado de conocerle.
   Wasson le dio la mano. Al dar la mano a veces uno puede saber cosas de los demás. Algunos dicen que los ojos son la puerta del alma, pero Wasson había descubierto que mucho se puede saber de las personas simplemente por el modo en que dan la mano. No es ningún poder místico, solamente algo que había descubierto. La forma de dar la mano de Marcus era totalmente profesional y por lo tanto, inescrutable. Firme. Tenía la mano seca. Pudo apreciar la manicura en las uñas relucientes. Había vigor en el hombre. Eso era todo, todo lo que había podido ver.
   -¿Le parece si entramos?
  Marcus lo condujo por el hotel. En efecto estaba acondicionado como tal: alfombras rojas en el suelo de los corredores, una escalera de caoba. Las ventanas eran amplias y si bien la vista no era muy halagüeña, la iluminación diurna era estupenda. La luz del sol llegaba a todos los rincones.

 
http://www.agardenforthehouse.com/2011/12/house-tour-the-music-room/


   -Este hotel perteneció a Silas Nahuam, el padre de Walter Nahuam, durante el esplendor de esta ciudad, por mediados del mil ochocientos. Un lugar fastuoso este hotel. Silas Nahuam mandó a construir una ópera y la visitaron intérpretes de gran talento. Los más viejos, que eran niños por aquel entonces, recuerdan el estreno de Lucia di Lammermoor de Donizetti. Si tiene oportunidad, visite el museo. Es pequeño, pero tiene fotos que se hizo tomar Silas en esa ocasión. Quizá le transmitan algo de la atmósfera de aquella época. Con suerte, esas visiones se cuelen en alguno de sus sueños -Marcus le guiñó un ojo, y prosiguió.


http://www.agardenforthehouse.com/2011/12/house-tour-the-music-room/

-Pero tras la muerte del viejo Silas, Walter Nahuam tuvo bastantes problemas. Era diestro en los negocios y el aserradero seguía funcionando, pero... bueno, esos bosques ancestrales infundían miedo en la gente. A partir de un momento nadie quería cortar ni un árbol, mucho menos adentrarse en ese lugar umbrío. Y la población fue abandonando la ciudad que se fue convirtiendo en un pueblo. La casa de Opera se incendió y se desmoronó y allí se construyeron algunas casuchas donde los se mudaron los que no podían irse a otra parte. Y esa, mister Wasson, es más o menos la historia del pueblo de Lovendale.

 
http://www.agardenforthehouse.com/2011/12/house-tour-part-3-the-parlor/
  Wasson lo miró.
  -No estoy seguro de entenderle. El tren sigue pasando y Lovendale no es un pueblo fantasma. ¿Qué sucedió luego?
  Marcus sonrió como esperando esa pregunta.
  -Cuánta perspicacia. Bueno, su trabajo para mister Nahuan Jr. será encontrar la respuesta a esa pregunta. Yo, bueno, solamente puedo decirle lo que se rumorea.  Que no es nada bueno.
  -¿Y qué se rumorea?
  -¿Usted cree en Dios?
  -Pues, si. El demiurgo. El origen y fuente de todas las cosas.
  -¿Y en el diablo?
  -No. No creo en él.
  Wasson se estremeció. Será un corriente de aire, pensó en ese momento. Y luego, si no creo en el diablo, ¿por qué me estremezco al mencionarlo?
  -Pero si existe un origen y fuente de todo, ¿acaso no deberá haber también un fin y sumidero de todas las cosas? ¿No sería también razonable que existiese el diablo? -pero antes que Wasson pudiera pronunciar una respuesta prosiguió-.  Bueno, la gente de por aquí cree en el diablo. O los diablos. O el diablo y su cohorte infernal. ¿Conoce el Pseudomonarchia Daemonum, de Johannes Weyer? ¿No? Bien, ya tendrá oportunidad de conocerlo porque hay una copia en la librería de Walter Jr... Weyer o Weir fue un místico renacentista, un ocultista y demonólogo, que escribió ese libro donde describe 69 demonios, los príncipes del infierno.
  -Disculpe, Mr. Marcus, pero si mi latin no me falla, la traducción del título de ese libro sería 'La falsa monarquía de los demonios', ¿no es verdad?
  -¡Cuánta perspicacia! ¡Cuánta perspicacia! Su talento nos ayudará. Debo admitir que Mr. Nahuam escogió bien al pensar en usted para este trabajo. Yo mismo me oponía, pero el insistió y lo incluímos en la lista.
  Wasson enarcó las cejas.
  -¿Es que hay más?
  -¿Cómo? Pensé que lo sabía. Otros seis especialistas se nos unirán en el día de mañana. Mr. Nahuam pensó que el trabajo podría exceder la capacidad de una sola persona. Por eso reunió quienes a su entender son las siete personas más versadas sobre este tema en América.
  -Pero usted no es americano. Por su acento.
 Wasson se arrepintió de haberlo mencionado. Pero Marcus sonrió, hizo un gesto restándole importancia.
 -Ciertamente soy americano. Pero de Canadá. En donde nací el idioma francés era más hablado que el inglés y, seguramente eso es lo que usted percibe en mi acento. Pero no se preocupe. Estoy al servicio de Mr. Nahuam Jr. con otros fines. Y mis habilidades, digamos, son bastante diferentes de las suyas.
 Marcus aprovechó la pausa para meter la mano en un bolsillo y sacar un reloj de oro.
  -Pero mire lo tarde que se ha hecho. Tengo una cita otra parte, así que deberé partir. Espero que su improvisado alojamiento le sea grato. Hasta mañana, mister Wasson.
  -Espere... ¿quiénes son los otros?
  -Hasta mañana, mister Wasson. Hasta mañana. 
  Con un gesto gracioso y paso de bailarín se alejó por un corredor, atravesó el vestíbulo y cruzó la puerta. Cuando esta se cerró de nuevo, Wasson pensó por un momento: así deben sentirse los muertos cuando son abandonados en las tumbas.

colaboración de
(continuará)

sábado, 16 de octubre de 2010

Hone Onna 骨女


Hone Onna (mujer-hueso) es un personaje de la mitología japonesa. Hay escasa información en español acerca de ella y hoy mi pobre conocimiento del idioma japonés (el cual intento mejorar, día a día, con un enamoramiento que me sorprende) me lleva a escribir este pequeño ensayo con lo que pude recabar. Muy pocos occidentales la conocerán, excepto quienes hayan seguido la saga del anime Jigoku Shōjo.

Cuenta la leyenda que existió una mujer en Japón llamada Tsuyu, una artista tradicional (geisha) dueña de un encanto y una belleza perturbadores. Entre sus mayores talentos estaba el fabricar globos de papel, capacidad bastante inútil si se mira desde el punto de vista occidental. No hay que olvidar que la cultura japonesa, en general, es capaz de convertir el acto más simple y mundano en expresión artística. Tsuyu, por tanto, cautivaba con su pequeñas obras, las que sumadas a su hermosura la convertían en un ser muy especial.



Pero quiso el destino que su corazón puro se uniera al de un hombre malvado. Su novio, para saldar deudas, la vendió a un burdel. En ese  lugar, Tsuyu se hizo de una amiga: Kion, y su confianza llegó a ser tan estrecha que planearon huír juntas.

Poco antes de la huída Kion decide traicionarla, probablemente para conseguir algún privilegio dentro del burdel, y la entrega otra vez a su amante. Éste, como castigo ante su desobediencia, asesina a Tsuyu y tira su cadáver a un lago.



En el lago, su alma moribunda entra en comunión con otros hitodamas, a quienes suplica que la ayuden a no morir, ya que aquélla no sería una muerte digna (su cuerpo había comenzado a descomponerse dentro del agua y ya empezaban a asomarse algunos de los huesos de su rostro). Se apiadan entonces de ella y la convierten en un demonio (yōkai), quien es capaz de interactuar nuevamente en el mundo de los vivos,  pero con la capacidad de emular el atractivo aspecto que poseía cuando estaba viva.


Aún así, no puede desprenderse de su rencor y se interna en una sucesión de venganzas, tan infinitas como la muerte, en donde seduce a hombres desprevenidos con la ilusión de su antiguo encanto, para luego terminar enseñándoles su verdadero aspecto. Me pregunto qué es lo que hacía luego con ellos. Quizás se conformase simplemente con recrear el miedo y el desencanto que ella misma sintió alguna vez, para luego desaparecer.


Pero si en vida su alma se conservó pura, debió seguir así luego de su muerte.


domingo, 19 de septiembre de 2010

LILIT

Lilit - cuadro de John Collier (1892).


Dos aproximaciones a la definición de "mito"

“…  el mito cuenta una historia sagrada; relata un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial, el tiempo fabuloso de los «comienzos». Dicho de otro modo: el mito cuenta cómo, gracias a las hazañas de los Seres Sobrenaturales, una realidad ha venido a la existencia, sea ésta la realidad total, el Cosmos, o solamente un fragmento: una isla, una especie vegetal, un comportamiento humano, una institución (...)  revelan, pues, la actividad creadora y desvelan la sacralidad (o simplemente la «sobre-naturalidad») de sus obras. En suma, los mitos describen las diversas, y a veces dramáticas, irrupciones de lo sagrado (o de lo «sobrenatural») en el Mundo. Es esta irrupción de lo sagrado la que fundamenta realmente el Mundo y la que le hace tal como es hoy día. Más aún: el hombre es lo que es hoy, un ser mortal, sexuado y cultural, a consecuencia de las intervenciones de los seres sobrenaturales.”
“Mito y realidad”


“La mitología es estática y descubrimos los mismos acontecimientos mitológicos combinados una y otra vez, si bien se encuentran dentro de un sistema cerrado, a diferencia de la historia, que es, sin duda, un sistema abierto”.
“Los mitos despiertan en el hombre sentimientos que le son desconocidos”
“Mito y significado”



Los mitos no siempre coinciden con la realidad pero de alguna forma constituyen historias que se han ido repitiendo con el devenir de las edades del ser humano. Aparentemente, todos deseamos las mismas cosas; hay quienes preferimos algunas, otros tal vez se inclinen por otras, pero todo  parece reducirse a la elección entre un grupo limitado de “esqueletos” que despiertan cualidades, pulsiones y deseos en la mente. 

¿Qué nos impulsa, entonces, a elegir determinados mitos, desechando otros? Y a partir de lo anterior: ¿por qué algunos parecen ser más atractivos y populares que otros? A modo de ejemplo: el “bueno” casi siempre le gana al “malo”, cuando esa no siempre es la mejor opción si queremos que el mundo funcione en armonía. 

Como consecuencia, todos los seres “oscuros” son adorados en silencio o en estado de inconciencia. Han sido despreciados y a veces hasta borrados de la historia; no forman parte de las convenciones sociales y son condenados a gemir, casi mudos, por entre las sombras de los sueños. A esos seres dedico especialmente este blog: los sucios, los renegados, los malditos, gracias a cuya oscuridad la luz de lo sagrado se torna más hermosa y brillante, y quienes con su ausencia provocan que cualquier tipo de luminosidad simplemente ciegue.

Dudo haber caído en este mundo para, sencillamente, no ver nada. ¿Y usted?


El mito de Lilit

“c. Entonces Dios creó a Lilít, la primera mujer, como había creado a Adán, salvo que utilizó inmundicia y sedimento en vez de polvo puro. De la unión de Adán con esta demonia y con otra como ella llamada Naamá, hermana de Tubal-Caín, nacieron, Asmodeo e innumerables demonios que todavía infestan a la humanidad. Muchas generaciones después Lilit y  Naamá se presentaron ante el tribunal de Salomón disfrazadas como rameras de Jerusalén.

d. Adán y Lilit nunca encontraron la paz juntos, pues cuando él quería acostarse con ella, Lilit consideraba ofensiva la postura recostada que él exigía. ‘¿Por qué he de acostarme debajo de ti? —preguntaba— Yo también fui hecha con polvo, y por consiguiente soy tu igual.’ Como Adán trató de obligarla a obedecer por la fuerza, Lilit, airada, pronunció el nombre mágico de Dios, se elevó en el aire y lo abandonó. Adán se quejó a Dios: ‘Me ha abandonado mi compañera’. Inmediatamente Dios envió a los ángeles Senoy, Sansenoy y Semangelof para que llevaran a Lilit de vuelta. La encontraron junto al Mar Rojo, región que abundaba en demonios lascivos, con los cuales dio a luz lilim a razón de más de cien por día. ‘¡Vuelve a Adán sin demora —le dijeron los ángeles— o si no te ahogaremos!’ Lilit preguntó: ‘¿Cómo puedo volver a Adán y vivir como una ama de casa honesta después de mi estada junto al Mar Rojo?’ ‘¡Morirás si te niegas!’, replicaron ellos. ‘¿Cómo puedo morir —volvió a preguntar Lilit— cuando Dios me ha ordenado que me haga cargo de todos los niños recién nacidos; de los niños hasta el octavo día de vida, el de la circuncisión, y de las niñas hasta el vigésimo día? No obstante, si alguna vez veo vuestros tres nombres o vuestra semejanza exhibidos en un amuleto sobre un niño recién nacido, prometo perdonarlo.’ Los ángeles accedieron, pero Dios castigó a Lilit haciendo que un centenar de sus hijos demonios pereciesen a diario ; y si ella no podía matar a un infante humano a causa del amuleto angélico, se volvía con rencor contra los suyos.

e. Algunos dicen que Lilit gobernó como reina en Zmargad, y también en Saba; y fue la demonia que mató a los hijos de Job. Sin embargo, evitó la maldición de muerte que recayó sobre Adán porque se habían separado mucho antes de la Caída. Lilit y Naamá no sólo estrangulan a los infantes, sino que también seducen a los hombres que sueñan, cualquiera de los cuales, si duerme solo, puede ser su víctima.” 
“Los mitos hebreos"



Michelangelo Buonarroti - Lilit y la Serpiente tentando a Eva (Capilla Sixtina).


Luego de pensar largamente en la forma de introducir a Lilit, preferí hacerlo a través del fragmento anterior, seleccionado de un libro al cual su autor dedicó gran parte de su vida. No es necesario ser un experto para reflexionar aerca de algo pero sí es recomendable, al menos, hacerlo desde la materia prima de una buena fuente. 

Resulta curioso que la idea de una mujer tan fuerte como el hombre y, al mismo tiempo, capaz de parir y de hacerse cargo de todas las actividades posteriores, en vez de ensalzarse y colocarse del lado de lo “divino”, se posicione en el “otro lado”, en el grupo de los seres oscuros y fabricados con inmundicia. 

Como posible respuesta a lo anterior, recuerdo haber oído o leído en alguna oportunidad, que una de las estrategias más acertadas en los grupos dominantes (con el afán de preservar su posición de poder) es infundir miedo y rechazo en los más débiles, pero proyectados hacia aquellos que pueden hacer peligrar esa posición privilegiada.

Cabe aclarar (una vez más) que la intención no es hacer aquí una apología del feminismo (muy buena ideología para comenzar una lucha, pero bastante mala en el momento de querer terminarla) sino simplemente volver a despertar la curiosidad de aquellos lectores que se han preguntado en algún momento de sus vidas por qué las mujeres hemos tenido un sitio tan desfavorable a lo largo de la historia de la humanidad. 

La imagen de Lilit aparece entonces, fuerte y hermosa, pero colocada definitivamente en el lado “oscuro”, enfrentándose a Dios de la misma forma en que lo hicieron centenares de demonios, quienes han habitado y habitan  los confines de nuestra mente, en perpetua evolución. Pero en el caso de los mitos hebreos, Lilit fue la primera. 

Veamos ahora cómo continúa el relato Mr. Graves, ya que muchos conocen a Eva y algunos habrán oído de Lilit, pero pocos deben saber que, entre esas dos mujeres, hubo algunas más. Con placer les presento a un Dios muy particular, enseñando una faceta que casi nadie suele mostrar: el Dios del Ensayo y el Error: 


“f. Sin desanimarse por no haber dado a Adán una compañera satisfactoria, Dios probó de nuevo y le dejó que observara mientras Él creaba una anatomía femenina utilizando huesos, tejidos, músculos, sangre y secreciones glandulares, y luego cubriéndolo todo con piel y añadiendo mechones de cabello en algunos lugares. La vista de eso causó a Adán tal desagrado que inclusive cuando esa mujer, la primera Eva, se mostró en toda su belleza sintió una repugnancia invencible. Dios supo que había fracasado una vez más y expulsó a la primera Eva. Adonde fue ella nadie lo sabe con seguridad.

g. Dios probó por tercera vez y actuó con más cautela. Tomó una costilla de Adán mientras éste dormía y formó con ella una mujer; luego le trenzó el cabello y la adornó, como una novia, con veinticuatro joyas, antes de despertar a Adán, quien quedó embelesado.

h. Algunos dicen que Dios creó a Eva, no con una costilla de Adán, sino con una cola que terminaba en púa y que formaba parte de su cuerpo. Dios la cortó y el muñón —ahora el coxis inútil— siguen llevándolo los descendientes de Adán.

i. Otros dicen que la idea original de Dios era crear dos seres humanos, varón y hembra, pero en cambio ideó uno solo con un rostro masculino que miraba hacia adelante y otro femenino que miraba hacia atrás. Otra vez cambió de opinión, quitó a Adán el rostro que miraba hacia atrás e hizo para él un cuerpo de mujer.

j . Otros más sostienen que Adán fue creado originalmente como un andrógino de un cuerpo masculino y otro femenino unidos por la espalda. Como esta postura hacía difíciles los movimientos y embarazosa la conversación, Dios dividió al andrógino y dio a cada mitad una nueva parte trasera. A esos seres separados los puso en Edén, prohibiéndoles que se unieran.”
“Los mitos hebreos”


Lilit en la mitología mesopotámica - tablilla de terracota (origen sumerio o asirio).

Parece ser que estamos frente a un Dios complaciente y condescendiente ante los caprichos del impresionable Adán. Esa es otra de las preguntas que queda suspendida en el aire: por qué se suele mostrar al primer hombre tan vulnerable, voluble, y a veces hasta estúpido, y sin embargo colocado en el sitial de mayor poder: ser el preferido del Padre. Los demonios eran condenados y expulsados, mientras a Adán se le seleccionaba una compañera a la medida de sus deseos, y de sus limitaciones

El mito de Lilit no nos es ajeno. Aún si quisiéramos dar la espalda a la razón y admitir por unos instantes la veracidad de alguno de los libros sagrados estandartes de la humanidad, aún así, sabríamos que al menos la fuerza y el poderío de Lilit surge de la auténtica imaginación del ser humano, aunque apenas se la nombre en ellos y cuando se lo haga, sea de manera superficial. 

Por lo anterior,  ella ocupa un sitial de privilegio en éste, mi catálogo de seres infernales predilectos: la Hermosa, la Lasciva, la Fértil, la Madre y, sobre todo, la que acapara el sueño de los hombres que duermen solos. Si alguna mujer ahora está leyendo esto, mi pregunta es: dejando de lado su destino desagradable, ¿no tienta al menos un poco parecerse a Lilit? 



Quienes deseen conocer más acerca de este personaje, cito las fuentes a las que he recurrido:

http://es.wikipedia.org/wiki/Lilit
(si bien la wikipedia tiene muchos errores y falencias, acostumbro siempre utilizarla como punto de partida)

http://temastiemposdenoe.blogspot.com/2010/08/la-historia-de-lilith.html
(este es un sitio con un administrador muy amable, quien ha puesto a las órdenes su artículo acerca de Lilith, tanto en la web como en formato pdf, para que pueda ser bajado)

http://www.es.catholic.net/temacontrovertido/609/1211/articulo.php?id=2566
(aquí una versión católica del mito de Lilit, puede ser interesante leerlo, y sacar algunas conclusiones)

http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/35705085656058499976613/033023.pdf?incr=1
(este artículo excelente de la Universidad Complutense de Madrid, si bien está orientado al arte, aporta muchos datos interesantes)

http://www.upasika.com/docs/graves/Graves%20Robert%20-%20Mitos%20Hebreos.pdf
(aquí “Los mitos hebreos”, de Robert Graves, en versión pdf que se puede descargar)

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Les doy la bienvenida

Este es el blog de una eterna aprendiz. Aquí quedarán registrados varios temas que me han apasionado a lo largo de mi vida, junto con el trazo que he seguido al ir ahondando en cada uno de ellos. Mi objetivo es lograr que dicho camino, casi siempre solitario, pueda ser compartido con todo aquel que lo desee. Los únicos requisitos para acompañarme son: amor por lo que se está investigando, respeto por las obras originales del otro, frontalidad y cortesía en las opiniones vertidas.

Mi intención es volcar aquí la síntesis de aquello que creo haber aprendido, lo cual, fusionado con la imaginación, ha dado lugar a diversas manifestaciones de lo que yo llamo Mi Arte. Espero sinceramente que esto despierte algo en cada lector. Se agradecerán de igual forma las críticas negativas y los elogios, pues deben saber que el corazón de cualquier artista (no importa tanto si es genial, malo o mediocre) puede tolerar todo tipo de reacción ante su obra excepto, quizás, la indiferencia.

Quiero aclarar que no adhiero a ningún “ismo”. Solo voy tras la utopía de evadir todo prejuicio en el momento de pensar y de sentir, de la misma forma en que un niño desmenuza su juguete para saber cómo funciona. Aquí tampoco encontrarás transgresiones, rebeldía ni argumentaciones ingeniosas. Estamos en el ciberespacio, en un pequeño fragmento de memoria colectiva en el cual me permito el privilegio de abstraerme y, simplemente, ser.


Si no puedes prescindir de tus prejuicios, ni siquiera por unos momentos, te invito cordialmente a que abandones este lugar; no te será saludable. Si te sientes curioso, adelante, vas camino de conocer a la Mujer del Infierno...